Resiliencia en la voz de un hablante liminar, en la sección CEREMONIA DE LA MUERTE, del libro de poemas ‘CEREMONIAS’ (1999), de Jaime Luis Huenún

El libro ‘Ceremonias’ (1999), del poeta chileno de ascendencia mapuche,  Jaime Luis Huenún, se presenta fragmentado en tres secciones: Ceremonia del amor, Ceremonia de la muerte y Ceremonia del regreso.

objeto de estudio de este trabajo  La poesía mapuche ha sido estudiada y catalogada en los estudios literarios (cf. Carrasco, cit. en Huenún, 2007:15) como poesía etnocultural, término acuñado por Iván Carrasco, quien la define como “[…] una poesía que privilegia temas, lenguajes, y visiones surgidas del inevitable y friccionado contacto que las sociedades mapuche, criolla y europea colonizadora han mantenido desde hace más de 150 años en el sur de Chile”.

A pesar de que el surgimiento y consolidación de la obra literaria mapuche es reciente (no más de dos décadas), ha sido posible ya detectar temas recurrentes, como por ejemplo, la “nostalgia y el sentimiento de desarraigo” (Huenún, 2007:15). Además, se destaca por el uso de herramientas estéticas diversas, como la oralitura[1], y por difundir la cosmogonía, tradición y espíritu del pueblo mapuche. Jaime Huenún nos ilumina al respecto:

“ […]una poesía que recupera y transfigura no solo aspectos de la historia, el sincretismo religioso y los conflictos de la sociedad mapuche del siglo XX y XXI, sino también los elementos míticos, rituales y cosmovisionarios que aún sustentan su diferencia y particularidad como pueblo en un periodo histórico en el que se han acelerado los procesos de aculturación… (Huenún, 2007:21)

Al mismo tiempo, también ha sido reconocida por transmitir una voz de lucha para sus representantes (cf. Rojas, 2009), y ser una herramienta que testimonia la invasión cultural vivenciada por los mapuches, por parte de una cultura otra. En palabras de Jaime Huenún, esta es una “escritura tensa, ríspida, afilada y pendenciera […] sujetos friccionados y acorralados por los misterios, tragedias y perplejidades de la realidad indígena y mestiza” (Huenún, 2007:19)  

Dentro de este marco brota la voz de Jaime Luis Huenún, un poeta mestizo de ascendencia mapuche, pero criado en un contexto chileno, en la ciudad de Osorno. Al ser un representante del encuentro de dos mundos, el mapuche y el chileno, su obra se presenta también como tal. En efecto, para Rodrigo Rojas, esta es “literatura que surge de una imaginación formada en la tradición oral huilliche, pero también forjada por lecturas de literatura universal” (2009:79). Asimismo, para Naín Gómez, Ceremonias es un texto que “se sitúa sin aspavientos en el remolino de una cultura cruzada por todas las contradicciones y ambigüedades de su origen, dejando aflorar las múltiples voces con sus distintas entonaciones” (cit. en Huenún, 2007:18).

La sección escogida de Ceremonias como objeto de estudio de este trabajo, deja también constancia de un mestizaje cultural, pues confronta elementos culturales diversos. Rojas reconoce la presencia de “distancias culturales” y “ambigüedades” (2009:75-76).  Aparece como hablante la figura del Champurria, o “sobreviviente”, que en palabras de Rojas “es un polizón que farfulla en un idioma extraño, bárbaro, pero que a escondidas, ha alzado su propio testimonio al barco de la historia” (2009:76).

Al mismo tiempo, el estudioso afirma que  “Ceremonia de la muerte”, ofrece como gesto poético la “posibilidad de intervenir la historia” (2009:77), puesto que reactiva hechos históricos inobjetables, cuya veracidad está validada por un documento histórico redactado en su minuto por la voz oficial (la fiscalía militar), de una manera poética.

El objetivo de esta monografía es interpretar la sección “Ceremonia de la muerte”, de la obra Ceremonias, como un acto ceremonial en sí,  que se materializa porque, al confrontar un discurso oficial e histórico con otro poético, el autor implícito de esta sección adopta como acto discursivo la convergencia de estas dos posturas para su creación artística, lo que podría ser traducido como símbolo de su identidad, puesto que refleja la “autenticidad de la experiencia propia”(Hall,2010:339).

“Ceremonia de la muerte” nos ofrece dos visiones sobre un mismo hecho histórico, presentadas de forma paralela. Las distintas voces que nos hablan representan, a su vez, a un solo individuo: el autor implícito de la obra. Este individuo se caracteriza por ser liminar, puesto  que  su identidad deambula entre las fronteras mapuche y chilena.

Para descubrir y construir su propia identidad, este sujeto ocupa el espacio de la escritura, utilizando diferentes hablantes o voces, en un gesto poético que cristaliza la escritura como lugar y momento sagrados, puesto que el resultado es el  nacimiento de un individuo que, marcado por la resiliencia, ha sido capaz de  autodefinirse y dar constancia de su autenticidad con discurso, pues no reniega de sus raíces mapuches ni chilenas, sino que las converge en su propia creación poética.

Tenemos entonces, un discurso que contrasta recurrentemente elementos culturales provenientes de distintos mundos, por lo que en primera instancia podríamos pensar que quien se dirige a nosotros, en esta sección de la obra Ceremonias, es un sujeto fragmentado. Sin embargo, al polarizar estos elementos es cuando se logra su aceptación, a través de su reconocimiento y constatación.

El autor implícito de esta sección de la obra se sitúa desde la convergencia de ambos mundos, adueñándose de ella como parte de su identidad y, por lo tanto, haciendo del acto de la enunciación una ceremonia.

Como estrategia de aproximación, presentaré una interpretación de la sección “Ceremonia de la muerte”, en el marco de tres escenarios poéticos: los espacios fronterizos y escenarios liminares, en diálogo con el poema “María Juana la Mapunky de La Pintana”, de David Añiflir Guilltraro; la cristalización de lo ceremonial, en la cultura mapuche por un lado y en la chilena, por otro, teniendo la obra Recado confidencial a los chilenos, de Elicura Chihuailaf como referencia y, finalmente, el concepto de resiliencia en la construcción de una identidad, al alero de algunos conceptos desarrollados por el estudioso Emile Benveniste en su “teoría de la enunciación”.

Ni chileno ni mapuche: deambulando por espacios fronterizos

La historia del pueblo mapuche da cuenta de una relación estrecha con el concepto de fronteras. Ellos mismos reconocen en su cosmogonía, o visión de mundo, la diferencia entre la gente del norte, Pichunche; del sur, Huilliche, del este, Pehuenche y de la costa, Lafquenche. Al mismo tiempo, y desde su encuentro con la cultura europea, las fronteras entre lo mapuche y lo occidental han estado bien delimitadas en todo sentido, pues se trata del enfrentamiento entre dos culturas, sin olvidar que esto en el contexto de una invasión de un pueblo hacia otro. La escritura “tensa, ríspida, afilada y pendenciera” (Huenún, 2007:19), descrita por Jaime Luis Huenún en relación a la literatura mapuche,  da cuenta también de lo anterior. Incluso la geografía testimonia esta cercanía  a lo fronterizo, pues el rio Bío-Bío, el más ancho de Chile, sirvió por muchos años de frontera física para delimitar el territorio mapuche; uno que  la hueste española no pudo conquistar.

Si bien estas fronteras estuvieron algún día muy bien diferenciadas, la creación del estado chileno, y sus doscientos años de vida, han devenido en la construcción de puentes, los que han conectado los bordes del rio que alguna vez fue símbolo de lo impenetrable, para que el flujo del mestizaje cultural fluya entre lo mapuche y lo chileno.

Pero al mismo tiempo, han aparecido otro tipo de fronteras: aquellas propias de la sociedad chilena y actual, como lo son las fronteras sociales, económicas y educacionales, por dar algunos ejemplos. Así, distintos elementos se congregan para componer al actual sujeto mapuche, hijo de la tierra y de la urbanidad:

 (…)Eres tierra y barro

Mapuche sangre roja como la del apuñalado (…)

 “María Juana, la mapunky de la Pintana” comienza con una descripción de esta mujer a partir de la diferenciación. Esto, comparando elementos como la tierra y el barro, que son propios de una concepción mapuche de persona o “che”,  con el color de la sangre del apuñanalado; vocablo que representa a su vez el peso de la violencia entre personas y la alienación propia del post-modernismo.

A las descripciones relacionadas a la cultura mapuche y a la urbana, se agregan además otras en inglés, lo que nos recuerda que habitamos en un mundo transculturalmente globalizado. Sin embargo, y a pesar de encerrar tanta diversidad cultural dentro de sí (mapuche, chilena, de la tierra y urbana), este individuo no tiene lugar propio:

(…)Oscura negrura of Mapulandia Street

Sí, es triste no tener tierra (…)

Pasa a ser un individuo ajeno a todo cuanto le rodea, pues no tiene pertenencia ni siquiera de sus objetos, sino que todo a su alrededor es controlado:

 (…) Loca del barrio La Pintana

El imperio se apodera de tu cama (…)

Lo único que le es propio es su propio cuerpo físico, que se alza como un nuevo universo indómito, con sus liendres como estrellas y su cabello como ríos. Sin embargo, incluso este nuevo territorio se presenta, una vez más, delimitado y con fronteras; se tiene lo de la tierra, lo natural y lo autóctono, versus la irrupción neurótica de la pos-tierra, lo urbano y marginal. Este universo nuevo era sólo una ensoñación, cual chispazo de libertad dentro de la realidad:

(…) Mapulinda, las estrellas de la tierra de arriba son tus liendres

Los ríos tu pelo negro de deltikas corrientes

Kumey Kuri Malén

Loca Mapunky pos-tierra

Entera chora y peluda

Pelando cables pa’ alterar la intoxicada neuro (…)

“Mapurbe” es la palabra que el hablante escoge para definir a María Juana. Los dos morfemas que la componen representan a su vez el ensamble de culturas. María Juana ha sido invadida, parcelada y delimitada por las fronteras mapuches, chilenas, ancestrales, contemporáneas, locales y globales. Su libertad radica en su unicidad, en el interior de su ser:

Mapurbe;

La libertad no vive en una estatua allá en Nueva York

La libertad vive en tu interior

Circulando en chispa de sangre

Y pisoteada por tus pies

 

Gestualidad en la palabra

Tanto para la cultura mapuche como para la occidental, el poder de la palabra encierra en sí misma un gesto que refleja o identifica a quien la crea, es creadora de mundo: “A mí, le digo, me enseñaron a valorar, a creer en la fuerza de la palabra. Las palabras expresan la concepción de mundo de quienes las crearon: su gestualidad. Ellas –unas más que otras- revelan el pensamiento de sus hablantes, sus gestuantes, dicen.” (Chihuailaf, 1999: 34).

Para los mapuches, implica además el ejercicio de una conexión particular con lo divino y sagrado; es en sí misma una instancia que concreta experiencias. Retomando la idea de puente que conecta fronteras, podríamos interpretar la “palabra” como un puente que permite el flujo entre los mundos, el humano y el natural:

“Del mencionado sentido de la totalidad del mundo que nos muestran nuestros antiguos quizás su manifestación más profunda, más intensa, la vivimos en la nombrada e innombrada ternura ejercida desde el gesto, la oralidad de ellos en absoluta complicidad con las flores, los árboles, las plantas, las vertientes, las mariposas, las nubes, la lluvia, los pájaros, los volcanes, las piedras, el fuego, los aromas, las texturas, los colores, las estrellas, la luna y el sol.” (Chihuailaf, 1999:40)

Quienes poseen los atributos para poder desarrollar la palabra de manera artística y cultivar distancias instancias, como el canto poético, el relato, la adivinanza, la conversación como arte y el discurso histórico, entre otros, son personas altamente privilegiadas en la cultura mapuche; denominadas Genpin, o poseedor de la palabra.

Asimismo, la escritura es un lugar que los poetas mapuches han sabido utilizar no solo para intervenir de manera artística, sino que también como terreno simbólico de apropiación, pues “(…) han logrado intervenir activamente en el campo de la gestión editorial, de la reflexión literaria y de la discusión político-cultural en Chile.” (Cárcamo-Huechante, 2007:386).  Son los representantes de la cultura mapuche quienes ahora han estado invadiendo y colonizando poco a poco el terreno canónico u oficial, a través de  la escritura. A este fenómeno, el estudioso Luis E. Cárcamo-Huechante lo considera como una instancia mitificadora, cuando dice que representa un “(…) tratamiento ritual y ceremonial de la palabra poética.” (2007:388).

Resiliencia en el gesto poético: construcción de la identidad

En su estudio sobre identidad y etnicidad, Stuart Hall introduce –en base a Saussure y su modelo de la lengua y la lingüística- la idea de que el habla, el discurso o la enunciación en sí, se sitúa “dentro de las relaciones de la lengua” (2010:341). Esto significa que siempre podremos encontrar rastros de un pasado o de lo anterior en nuestro discurso; de raíces que podrían condicionar nuestra identidad al momento de enfrentarnos a ella. Para el caso de “Ceremonia de la muerte”, el autor está condicionado por un hecho histórico ocurrido en 1912 en la localidad de Forrahue.

Recordemos que, de acuerdo a la teoría de la enunciación desarrollada por Emile Benveniste, es gracias al lenguaje que el hombre se posiciona como sujeto; y crea su realidad: “It is in and through language that man constituites himself as a subject, because language alone establishes the concept of “ego” in reality, in its reality which is that of the being” (Beneviste, 1958:224). Para Hall, cada vez que esbozamos un discurso, es una instancia ideal para relacionarnos con el pasado, nuestras raíces y nuestra identidad: “Lo que hemos aprendido acerca de la teoría de la enunciación es que no hay enunciación sin posicionalidad. Uno tiene que posicionarse en algún lugar en aras de decir cualquier cosa. (…) y la relación que las personas del mundo ahora tienen con su propio pasado es, por supuesto, el descubrimiento de su propia etnicidad. (…) en ese sentido, el pasado es no sólo una posición desde la cual hablar, sino que es también un recurso absolutamente necesario en lo que uno tiene que decir” (2010: 347). Por lo tanto, para decir algo nuevo, o para crear nuestra propia identidad más allá de lo que la condiciona, es necesario “desplazar primero todas las viejas cosas que las palabras significan, hay que disputar un sistema entero de significados” (Hall, 2010:341), lo cual podemos hacer con lo que decimos o enunciamos; con el modo en que decimos nuestro discurso: así, creamos nuestra propia constitución desde la enunciación.

El autor de “Ceremonia de la muerte”, interviene el discurso oficial y lo modifica, haciendo uso de la primera persona plural (a diferencia del documento original). Para Rodrigo rojas, esto es símbolo de la “primera gran distancia cultural” (Rojas, 2009:75). Al presentar primero un discurso oficial modificado, nos demuestra cómo es que a pesar de que el pasado lo condiciona, logra reconstituirlo, pero esto de manera tangencial, casi imperceptible. Más adelante, la reactivación del mismo hecho histórico, pero esta vez de forma poética, bajo el nombre de nueve títulos diferentes, da cuenta de una irrupción más frontal.

Desde su enunciación, y al presentar un mismo hecho histórico narrado en paralelo de forma oficial y poética, el autor puede dejar de luchar con lo que condiciona su identidad, porque logra crear su propia posición. Así, su discurso es sinónimo del nacimiento de un nuevo  sujeto que adopta la inclusión de dos relatos distintos, lo que podríamos interpretar como un acto de resiliencia, porque escapa de los mundos que intentan definirlo social y culturalmente, para autodefinirse como individuo a través de su discurso, que es de aceptación. A través de la exposición de ambos relatos, reconoce que la historia oficial y la  poética son parte de sí mismo, adoptando entonces ambos discursos como parte de su identidad en el presente, lo que le permite asumir lo que Stuart Hall denomina la nueva etnicidad:

“La noción de una identidad que se sabe de dónde vino, dónde es su casa, pero vive también en lo simbólico-en el sentido lacaniano- sabe que no se puede ir a casa realmente otra vez. Uno no puede ser algo distinto de lo que se es. Uno ha llegado a la corteza más externa de lo que uno mismo es en el flujo del pasado y el presente. Esa concepción de la nueva etnicidad lucha ahora de múltiples maneras a través del mundo contra el peligro presente y la amenaza de la vieja etnicidad” (2010:347)

Frente a estos dos relatos, que en el fondo forman uno mismo, se alzan las voces testimoniales de los difuntos, que reviven lo acontecido en la masacre de 1912 en Forrahue. Esta vez, no se cuenta la historia de manera oficial y fría, como si se tratara de un cadáver que está siendo examinado por el médico forense, sino que ofrece impresiones subjetivas, opiniones y sensaciones:

Jugábamos tirándonos estiércol de caballo en los potreros;

Robábamos panales a los ulmos y a los moscos,

Y pinatras a los hualles de la pampa;

Mirábamos desnudas bañarse a las hermanas

Con manojos de quillay en el arroyo.

Pero además de los difuntos que estuvieron presentes durante la masacre, que son quienes cuentan la historia, aparecen otras voces que “salen” de la historia narrada para dialogar entre sí y emitir juicios con respecto a lo que se va contando. Sus apreciaciones nacen desde una distancia aún mayor; como si respondieran al acto discursivo en sí del que están siendo testigos, y supieran que se trata de una reactivación o reivindicación de lo que alguna vez fue testimoniado solo en un medio oficial, y que ahora es parte de un discurso e identidad nuevos, son testigos de esta ceremonia:

 

Malo era paisanito, malo era.

Comíamos caliente el crudo corazón de un cordero en el lepún;

Rezábamos huilliche al ramo de laurel junto a la machi;

Matábamos con fuego al que mete huecuve contra el cuerpo y contra el alma.

¡Brujo diablo, anda vete! Decíamos escupiendo,

Y el bosque más espeso escondía la lechuza

Malo era, malo era.

No sabía vivir el natural antes amigo, no sabía.

 

Además, aparece la figura del paisanito; otro testigo del acto discursivo que reactiva la historia: receptor de esta enunciación:

 Las estrellas se caían a pedazos esa noche, paisanito,

Meteoros que les dicen los del pueblo,

Pero el mar las detenía entre sus rocas

Y pudimos dormir sin sobresaltos.

La historia será reactivada más delante de forma poética. El autor le otorga voz a muchos hablantes distintos, todos conjugando un gesto poético que deviene en ceremonia de la muerte; una ceremonia que quienes murieron en la masacre no tuvieron en su minuto, pero con la que ahora pueden avanzar, pues han sido encomendados a Huenteao en un canto cristalizado en la escritura:

Hacia la Mesa de Piedra

Donde Huenteao nos cura

De males y de lisuras

Con gruesa agua y con sal

 

Déjale por eso un canto,

Marero, a las tres oscuras

Piedras donde el viento dura

Más que en la tierra y el mar.

 

Reflexión final

            ¿Existe acaso una identidad universal, confeccionada como un traje talla única, como nos dice Chihualiaf (cfr. Chihuailaf, 1999: 44), a la que cada individuo se pueda acoger? ¿Podemos pensar en que el concepto de patria o nación encuentra aún asidero hoy en día para identificar a los individuos residentes de un territorio, a sus costumbres, lo que les es propio o auténtico?  

Estas preguntas quedan latentes a la hora de pensar en las propuestas de Beneviste o de Hall, cuando visualizamos la construcción de un individuo a través de su discurso. Quizás, en vez de acogernos a etiquetas para rotular las identidades individuales de forma categórica, podríamos avanzar hacia concepciones más dinámicas, que acepten, por ejemplo, la constante reformulación del individuo, que ocurre cada vez que nos posicionamos con un discurso desde el acto enunciativo mismo.

La obra “Ceremonia de la muerte” invita a la reflexión de esta concepción de identidad, a través de un discurso que reactiva un suceso histórico a través del reconocimiento de una versión oficial en contraste con otra poética; ambas intervenidas por voces que, desde el más allá, testimonian y actúan al mismo tiempo. Como lectores, hemos atendido a una ceremonia.

 

Referencias bibliográficas

Benveniste, Emile. "Subjectivity in Language", en  Problems in General Linguistics. Trans. Mary Elizabeth Meek. Coral Gables; University of Miami Press, 1971. Publicado originalmente en Journal de psychologie 55 (July-September 1958). [online] (http://www.princeton.edu/~ereading/Benveniste.pdf)

[consulta: miercoles 05 de diciembre de 2012]

Cárcamo-Huechante, Luis e. “La memoria se ilumina”, en La memoria iluminada: poesía mapuche contemporánea. Pelótuñmangütrámtunzüngu: fachántü ta mapuche ñi ülkántumeken. Editor-compilador: Jaime Luis Huenún. Málaga: Ed. Maremoto (2007)

Chihuailaf, Elicura. Recado Confidencial a los chilenos. Santiago de Chile: LOM ediciones. (1999)

Hall, Stuart. “Etnicidad: identidad y diferencia” en Sin garantías,  p.p.339-348. Colombia: envión editores. (2010)

Huenún, Jaime Luis. "Poetas de la tierra, ciudadanos de la página: mínima cronología comentada de la poesía mapuche contemporánea", La memoria iluminada: poesía mapuche contemporánea. Pelótuñma ngütrátunzüngu: fachántü ta mapuche ñi ülkántumeken; pp. 15-22. Ed.-comp. Jaime L. Huenún, versión mapuchezüngun víctor Cifuentes. Málaga, Servicio de Publicaciones Centro de Ediciones de la Diputación de Málaga. (2007)

Rojas, Rodrigo. La lengua escorada. La traducción como estrategia de resistencia en cuatro poetas mapuche. Santiago de Chile: Pehuén editores. (2009

NOTAS

[1] oralitura […] hace referencia a las creaciones literarias basadas en las manifestaciones estéticas orales de una etnia determinada. […] es escribir a orillas de la oralidad, a orillas del pensamiento de nuestros mayores y a través de ellos, de nuestros antepasados.” (Huenún, 2007:16)

AUTORA

María Margarita San Cristóbal  | CHILE