Explicar a los niños lo que era la desembocadura de un río, Poemas de Sergio Infante

En sus 45 poemas de su libro "Las aguas bisiestas", Sergio Infante demuestra que está muy en forma, que tiene fuelle y lozanía poética, selecto humor, y un vocabulario refinado y preciso. Pues sí, Sergio Infante huye del esteticismo de una retórica oficialista, está más joven y, añadiendo distancia emocional, se atreve a cavar en el filón poético de lo quijotesco.

A diferencia de poetas que con el tiempo se estacan y se ponen empalagosos o repetitivos, -poetas que envejecen muy mal– Sergio Infante demuestra espíritu juvenil en su libro "Las aguas bisiestas", desde el poema narrativo, abierto a la prosa poética, al poema genuino en la percepción y el instante. El conjunto despliega una notable versatilidad formal y estilística. El lenguaje de los versos convocado de manera sumamente directa, pero con doble filo, alimentados de literatura clásica latina, griega, bíblica; Sergio Infante se atreve a caminar al borde del acantilado de la parodia, o de una épica del desastre, por encima del lenguaje tradicional de la poesía

Lo ha dicho Eliot, lo ha dicho Pound, también lo ha repetido Infante: la literatura es un palimpsesto, de mucha cultura y manejo de la lengua. El efecto general es una síntesis de autoconciencia estética, poesía entramada de incidencias históricas, intertexto y lirismo. La poesía no denuncia los desechos, es ella misma un trasto, donde conviven lo seductor y lo corrupto.

Bautizos y diluvios, abundancia de aguas describen el principio y el fin de los tiempos (en la Biblia está casi 600 veces la voz agua) o en otras culturas antiguas, reflejan alegóricamente el modo como el pueblo se relaciona con el agua, y el verso con insignias acuáticas, es fuente de vida o de purificación, o elemento destructor y temible. O el agua como paso inexorable del tiempo (Manrique)

En este momento, Sergio Infante agrega una línea probable: La muerte del agua.

Ya agoniza el Yangtzé.
El Mekong, el Salweem, el Ganges,
el Indo, el Danubio, el de la Plata,
el Bravo, llamado también Grande,
el Nilo-Lago Victoria
y el Murria Darling
agonizan.
Se mueren de verdad,
y no habrá mar para el morir de esos ríos.
(...)
habrá que explicar, a esos niños,
lo que era la desembocadura de un río
como quien explica la noción
de la nada, del vacío o del vértigo.

Ya no existirá ni aún el río Aqueronte, ni podrá Caronte, el barquero, trasladar las almas muertas al inframundo.

Los profesores universitarios acostumbran a ser algo avejentados, aurea mediocritas, propugnadores del justo medio, sobre todo, creo, los profesores de literatura sueca. Sergio Infante ha ganado, en cambio, con los años, en fluidez y en juventud, liberando energías profundas y latentes.

Sergio Infante ha devenido en un juvenil autor maduro.



(Sergio Infante, Las aguas bisiestas, Catalonia)