VIA FERREA: de Franco Ibáñez Zumel

¿Qué relación extraña y torcida tiene este poema del cartero con este libro?, más aún ¿Qué relación existe entre este poema, Bukovsky y la pro-ducción temprana en general de Franco Ibáñez Zumel?

Simple, Bukovsky habitó prácticamente el mismo segmento generacional que Ibáñez Zumel, ambos debían desarrollar trabajos más o menos parecidos para mantenerseen otra parte a propósito de..., Einstein trabajó en una oficina de patentes, Bukovsky era cartero, Ibáñez Zumel auxiliar en una radioemisora. Todos eran funcionarios y fungían Kafkianamente sus roles mientras dentro de sus vidas y especialmente en sus corazones y cerebros desfilaban universos en expansión. Todos le robaban tiempo al tiempo para poder escribir y en un momento ambos, Bukovsky e Ibáñez Zumel -además de tener los mismos íconos e ideas sobre el mundo, la historia del hombre y su conducta diacrónica y sincrónica-, se dedicaron a desempeñar el papel de Mr. Hyde y el Dr. Jekill durante buena parte de sus vidas.

Finalmente y centrándonos en este libro escrito a finales de los 80 y publicado en 1990 para quienes no pueden ver o leer aún libros tales como «Sobrevidas» o «Los amores de beretta», disponibles en las bibliotecas de la Universidad de Chile, Universidad Católica y Universidad de Concepción, aquí un par de señales.

«Vía férrea» cierra claramente un ciclo -relevante por lo demás- en la producción literaria de Ibáñez Zumel, la época de su existencialismo sartriano, la del pesimismo respecto de la redención final del ser humano, la del fracaso total. El rompimiento de la armonía bucólica de la post guerra de 1940, leitmotiv repetitivo macabramente en el mundo donde ya está claro que aquellas no terminaron sino que sólo dejaron de ser grandes para convertirse en pequeñas -pero muy prolongadas y distribuidas- depositaron en la humanidad en general y en los poetas y filósofos la sensación real y comprobable de finitud y levedad en contraste con la de extensión y seguridad que tanto religiones y filosofías tejieron rizomáticamente para entregar al ser humano una tranquilidad inexistente que se derrumbó, paradojalmente, a manos del propio «hombre».

Las dictaduras se replicaron con una velocidad abismante en pocas décadas y en esas pocas décadas uno, dos y tres continentes regresaron a la época de barbarie que dejó de manifiesto la sonrisa cadavérica del poder que nos susurró en ese entonces que no debemos descuidarnos, ya que cada vez cambia su rostro para no ofrecer un blanco inmóvil, dejando claro que nos acompañará de por vida.

EL AMOR

¿Qué hace el autor en ese contexto? todos lo sabemos, en la fiebre delirante de los «Amores de beretta» (1987) ama a su arma y desmitifica el amor bastardo que la cultura de masas, especialmente la latina, tanto endiosa y al que tanto rinde pleitesía; el amor dejó de ser el parafernálico invitado a toda fiesta de emociones para convertirse en el tío del que no se habla en la mesa familiar:

«El amor de aquí es un viejo cuento chino inventado por el régimen contrainsurgente para mantenernos ocupados y no planear la subversión...un demonio más perdido entre la vaguedad e indiferencia cotidianas de doce millones de (...) refractarios hasta con ellos mismos...» (Búsqueda, Amores de beretta, ed. 2008 pp 75)
« Eso era a fin de cuentas lo que llamábamos amor / Y no lo era / Ni siquiera se le acercaba / el verdadero estaba fuera de aquí / y por supuesto de nosotros / el «verdadero» era sólo un pálido reflejo de algo que no puede darse aquí por razones ambientales / por mecanismos de defensa / por estructuras Lo demás siempre fue humo y niebla / calentura aceptable / y lo normal dentro de nuestra anormalidad» (Recapitulaciones II, Amores de beretta, ed. 2008 pp 98)

«El amor es un juego peligroso...

demasiado peligroso para ser normal»

(Canción antigua, Amores de beretta, ed. 2008 pp 77)

..............

«Nunca hubo nada de eso aquí

aquellos artefactos fueron fieros

Nuestros amores no fueron transparentes

menos aún sedosos

fueron metálicos y aplastados

de uno contra el otro

a lo tártaro a morir»

(Sin pistas, Amores de beretta, ed. 2008 pp 101)

Si bien está lejos de él querer destruir conceptos decimonónicos, le entrega al amor su lugar adecuado y pragmático, llama la atención para que el resto le asigne a la idea de amor que se usa normalmente su real dimensión, el amor en estos días es algo endocrino, lo que se llama comúnmente amor no es amor y no dura más de cinco años, es pasión, calentura y fuego de deseos, la pasión se acaba en el intertanto y el problema no es la emoción sino el concepto mal aplicado, una idea de amor pragmática puede ser pasión y deseo más emoción y más razón, sin embargo la tónica parece ser que el amor debe ser pasión y deseo más emoción lo que al cabo de algunos años termina siendo hastío, amapolas, boletas y facturas sin pagar.

EL PUEBLO POBRE

En sobrevidas, su tercera obra formal, desmitifica al pueblo, al pueblo pobre, al pueblo que mejor podría llamarse «lumpenproletariat», los convierte en transeúntes, seres en tránsito, sin huellas fiables, espectros, zombies programados a distancia a través de las redes comunicacionales del sistema mientras sus asquerosos nidos, las ciudades, han cobrado vida para hacer desaparecer identidades y homologarlas matricialmente (de matrix) obedeciendo ambos fenómenos a una causa originalmente oscura que aún estando clara para algunos iluminados no muestra un lugar fijo o físico donde ubicarla, es omnipresente, omnisciente y omnipotente, por lo demás.

Desde el fracaso y pésimismo dispara de igual manera allí los últimos tiros contra la idea de amor que usa la mayoría de los zombies y reitera que todo no ha sido más que un fracaso; esto es importante en la obra de este autor, él es un desencantado, un ángel caído que siente en carne viva la derrota de estar vivo, la desagradibilidad de portar la carne, el peso de la existencia, la náusea, la densidad de luchar contra tanta imagen o convención sabiendo que éstas pueden ser pasadas a llevar sin clemencia versus la levedad que traemos a este mundo. Los ángeles caídos tienen un castigo, la realidad que nos viola a través del cuerpo como identidad no aparentemente escogida, bañarse en ella, acomodarse a ella, vivir con ella, ver el lodazal humano y sabiendo que no nos pertenece el estar aquí, participar de él como una comunión, como un rito obligado, como un castigo trascendental.

Nacido en 1960 con el influjo aún vigente del hippismo y sus mensajes que calaron hondo es un pesimista a rajatabla sobre la capacidad del resto para ser dignos de vivir en un lugar físico todos juntos y en armonía mínima. Un pesimista es un optimista muy bien informado, pero no todos dejan de manifiesto que esto, este experimento en total no dio, al menos, el resultado esperado:

«Y moriremos en la razón

nos ahogaremos en ella

y todo no habrá sido sino el más estrepitoso de los fracasos»

(La derrota, Sobrevidas, ed. 2010, pp 70)

....................

«La vida transcurre en otro sitio

menos aquí»

(Atardeceres en otro sitio, Sobrevidas, ed. 2010, pp 25)

¿Qué hace en este libro? continúa la saga dando el tiro de gracia a la cobardía y autocomplacencia de «esa humanidad», nos explica como a un bebé de tres años sobre la verdadera imagen de la vida, la vía férrea que debemos recorrer sin poder saltar hacia los lados, excepto cuando ya somos débiles y viejos y nos hemos demorado noventa u ochenta años en descifrar todo lo que hay que descifrar dándonos cuenta allí -recién- de que perdimos todos esos años y no vivimos más que para comprender que el tiempo se fue, que todo lo relevante estaba en los último recodos del camino, que ya no es posible regresar a enmendar errores, nos informa sobre la desaparición definitiva de las plataformas vitales, de nuestras búsquedas sin fruto, de los recuerdos vanos de los amores fatales, de las despedidas, de los fantasmas,Cobra especial relevancia su poema Crónica de viaje que, adjunto como un «informe sobre ciegos» sobre el cual no haré comentario crítico alguno, nos indica una parte de la historia de la cofradía y una opinión personal sobre sus ideas acerca del contexto, hay allí de todas formas signos que sólo pueden ser decodificados como un mapa críptico por algunos lectores muy especiales.

Regresando al análisis formal de la obra temprana que consta de los tres primeros libros del autor, en «Vía Férrea» es posible vislumbrar un cambio casi imperceptible tanto en estilo como en los contenidos trazados; la poesía con mensajes no es bien tratada por la mayoría de los críticos porque no les gustan los heraldos ni los profetas (problema que cruza en general a los latinoamericanos con algunas sabias excepciones), de hecho la pontificación por sí misma tiene hoy en día escabrosas connotaciones, aunque no sea el caso de este libro, sin embargo, como crítico literario debo reconocer que en una lectura primaria este libro salta las vallas de la convención y puedo guardarlo en el estante de libros interesantes, pues es muy raro detectar en la lectura de un autor específico la transición legítima -y no truculenta-, el desplazamiento desde una poesía cuyo estilo está dedicado a reflejar un contexto sociopolítico determinado hacia un estilo desconocido e incipientemente errático, en este caso veo el paso preciso en que es posible como en ningún otro escrito distinguir un punto de inflexión en la lírica del autor, la detección, la percepción de un norte difuso, sin plataforma definida, la soledad ontológica en que la poesía es lo único plausible.

Eso es en síntesis este libro escrito en los 80 y liberado en 1990 cuando ya no existía preocupación por el devenir de un país que, a pesar de su sacrificio y su sobrevivencia, tenía demarcada su opción preferentemente acomodaticia y vana y en especial cuando todos esperábamos leer sólo literatura política por muy subrepticios que estuviesen los mensajes.

Se extraña, eso sí, al Ibáñez Zumel frontal y político contingente de «Rojo, negro y adiós a las armas»-dirán algunos-, pero este libro sigue siendo político, ocurre que el discurso político primario y local es sólo un hilo básico (se puede romper a veces) y delgado del resto del rizoma.

Esta vez el autor va mucho más lejos, mejor aún está ya mucho más lejos y eso que estamos hablando de finales de los 80 cuando ya todo estaba por acabar y el constante martilleo de una muchedumbre sin conciencia por una parte y el discurso adormilante de la cúpula de lobos con sus dos cabezas, la dictadura y la democracia por llegar se habían convertido en ruido ambiental omnipresente e hipnótico ante el cual sólo existían tres sendas, huir, enfrentarla o asimilarla.