La poesía es el reino absoluto de la libertad

 El destacado poeta chileno y Premio Nacional de Literatura (2000), invitado por la Dirección de Extensión y el Programa de Doctorado en Literatura Latinoamericana de la Universidad de Concepción, dictó el seminario "Poesía, Paisaje y Pasión" y ofreció, en el marco del V Seminario de Investigación Literaria MeceSup, la conferencia inaugural y una lectura poética.

Ya no fuma. Admite que le da pánico saber que su vicio puede ser motivo de muerte para un ser querido. Lo confiesa mientras esperamos el taxi que nos llevará a su hotel. Sus ojos, grandes y penetrantes, se instalan con devoción en lo que miran y embeben como un niño de cinco años lo que hay a su alrededor. "Cuando pierda mi capacidad de asombro, me asustaré", expresa mientras el taxi recorre la calle Chacabuco, en Concepción. Su voz dulce y pausada nos cuenta la admiración que le produce la ciudad penquista y la extraña sensación de sentir que siempre debe volver. La sonrisa cálida y contagiosa que a ratos emerge de su larga barba gris borra los destellos que el amoníaco dejó en sus ojos. Llegamos al hotel. Se baja del taxi y caminamos hacia el Hall. En su última visita por nuestra ciudad, nos deja una entrevista, dos cortas semanas sobre el tema que lo enardece y la lectura desgarradora y sincera de su poesía.

¿Qué significación tiene, en su caso, la relación entre las matemáticas y la poesía? ¿Se puede establecer un puente entre esta disciplina y la poesía?

De hecho las matemáticas son una disciplina de una tremenda creatividad. El arte en la ciencia tiene muchas cosas en común. Ahora, no es que yo haya optado por la poesía; fue bastante más brutal en realidad el proceso. Cuando salí de Ingeniería me tomaron preso. Después no encontré trabajo y entre menos encontraba trabajo, más escribía. Yo creo que una formación técnica te mete la idea de un proyecto y tú cuando escribes estás en un proyecto, estás trabajando en construir algo. Entonces la escritura tiene otra aproximación, sientes que debe tener una estructura. Las matemáticas son una serie de elementos que te dan una visión de la literatura particular. Ahora, hay gente que viene del mundo de la ciencia, de la técnica que terminan en la literatura y en el arte. Es el caso de Sábato, o entre nosotros, de Nicanor Parra.

¿Llega a ser necesario tener este conocimiento técnico para escribir?

Sí, pero no hay que complementarlas con las matemáticas que te enseñan en el colegio, la que te educan para resolver problemas. Eso es terrible. Creo que el dibujo que dan las matemáticas puede ser muy bello, muy hermoso y formaría perfectamente parte de cualquier ramo de un programa de humanidades.

Con respecto a su poesía, ¿está más cerca de pensarse como una poesía del intelecto o una poesía de la pasión que libera fuerzas primigenias?

No son términos contradictorios. No creo en una poesía sólo en la inteligencia, ni creo en una poesía sólo de la pasión. Creo en una inteligencia apasionada y en una pasión inteligente.

¿Es posible hablar que la poesía tiene una responsabilidad ética con el presente?

La poesía es el reino absoluto de la libertad. Tú no puedes imponer ningún deber ser antes. Tú no le puedes ubicar previamente a la poesía una responsabilidad. Es el reino de la no responsabilidad. Después tú, el lector, un pueblo, una comunidad, se quedará con aquellas obras que lo interpretan, pero si tú le tildas esto debe ser esto, o que la poesía debe estar en el sentido de una causa social o debe expresar determinada cosa demuestra absolutamente lo contrario a la libertad artística y por ahí empiezan los fascismos.

¿Y qué pasa con la poesía en Chile?

Esa es una razón misteriosa. Chile antes de ser un país, fue un poema, La Araucana, y desde entonces la historia de la poesía chilena y la historia de Chile son inseparables. Y en el siglo pasado, obras como de Gabriela Mistral y Pablo Neruda, rebalsaron con mucho lo estrictamente literario para formar parte de un tejido social como la forma de expresarse de un cuerpo. Eso es algo que sucedió acá, y es muy particular. En Chile sí, la poesía ha tenido que ver con los movimientos sociales y con las formas de abrirse, entender y soñar otros mundos posibles. Y en 1970 cuando la Unidad Popular gana las elecciones a través de Allende, es la poesía Nerudiana también la que llega, por así decirlo, al poder. Y también el último discurso de Allende, es el último poema de Pablo Neruda.

¿Qué puede aportar realmente la poesía para generar instancias de comunicación y diálogo entre los hombres?

Me temo que nada o muy poco. Porque la poesía no está para solucionar nada. No es su ámbito. "Yo no vine a resolver nada", dice Pablo Neruda en uno de sus poemas de Canto General. Ya agrega: "yo vine a cantar y a que cantes conmigo". Entonces a la poesía no le puedes imponer un deber ser. A lo mejor su inutilidad es absoluta, pero en esa inutilidad están todas las raíces de lo humano. Personalmente, siempre he preferido aquella poesía que me está hablando de algo, de una comunidad, de un pueblo. En general no me gusta lo que se llama la "poesía autista", la que se centra en sí misma. Hoy la poesía es arte de catacumba; sin embargo, es un arte muy profundo y el más poderoso. Entonces es una paradoja. Está hablando siempre de una irrenunciable y profunda libertad tendida hacia el corazón de los hombres.

Ud. ha realizado varios talleres y seminarios literarios de poesía, ¿es posible enseñar, no sólo a leer, sino además a escribir poesía?

Son las dos cosas. Finalmente es imposible enseñar a escribir, pero uno aprende leyendo. Ahora, si hay algo tremendamente difícil es explicarle a alguien que no le gusta la música porque es bueno Bach. Debe haber una disposición primero.

¿Su poesía es también la cifra de su vida?

Sí, tan simple como eso. Es la forma en que yo me he podido parar en el mundo, en que me he entendido con el mundo, el cual considero profundamente hostil. Es mi forma de entenderme racionalmente y mi forma de amar. Entonces sí, mi cifra es la poesía.