La Cofradía NN Sur, una generación de poetas

La Cofradía NN Sur, una generación de poetas

Cofradía NN Sur: una generación de escritores y poetas que caminó por Temuco en dictadura...Hace exactamente un año atrás, octubre de 2010, asistimos a uno de esos valientes encuentros de poesía que se realizan en la Biblioteca Galo Sepúlveda: "Conclave 2010" Encuentro de autores de los 80 de la ciudad de Temuco. Allí nos encontramos con los poetas Franco Ibáñez Zumel y Miguel Ángel Manosalva quienes afinaban detalles y esperaban al resto de los participantes de esta lectura, especialmente a la poeta Marta Manríquez proveniente de Traiguén, que en ese momento se encontraba en delicadas condiciones de salud y que por lo demás, es la única mujer integrante de esta "Cofradía" que se gestó en Temuco.

Desde este escenario, que acogió importantes encuentros literarios en época de dictadura, recogimos algunas nostalgias y actuales anhelos de este grupo de escritores, que hoy llevan vidas bastante dispares pero que de tanto en tanto convergen para no olvidar.

Generación NN


Fue el poeta chileno Jorge Montealegre quien crea la distinción de Generación NN, (llamada también por algunos académicos y escritores como la del 87) que reúne a todos aquellos autores que comenzaron a escribir en Chile después del golpe militar y que debieron enfrentar de manera similar su juventud y el modo de practicar el oficio de la escritura bajo un ambiente marcado por el miedo y la clandestinidad. El término hace alusión a la expresión latina Non Nomine que se utiliza para señalar un cuerpo sin vida que no se conoce su identidad (como el de los desaparecidos de la dictadura) pero también al juego literario de doble negación: nadie es totalmente nada o nadie es nadie o nunca nunca.

Se refiere un grupo de artistas que no constituye una listado cerrado de nombres sino una generación con una memoria común vivida desde distintas partes del país, que permaneció en Chile y desde muy jóvenes pasaron a ser presos políticos sometidos a la tortura y a vivir la dictadura con experiencias límite.

Sin embargo sus temáticas fueron amplias y expresaban los anhelos de una juventud mutilada pero con la esperanza encendida en sus letras. Una juventud que a pesar de la esquiva libertad de la época aprendió a deslizarse con cuidado por las noches y a practicar su oficio escritural de modo críptico y silencioso.

La denominación de NN alude desde un principio a esta circunstancia de asedio político, donde era preciso pasar desapercibido por el oficial en la lucha ideológica y expresiva. No hay especificidad de quienes la integran, dice Montealegre. Una generación destinada a desaparecer, que publicaba sus creaciones en pequeños formatos, que iban cambiando pseudónimos o que preferían el anonimato por su propia seguridad.

Hubo muchos que simplemente desaparecieron para siempre, otros dejaron de escribir, muchos debieron deambular por otros países donde se quedaron. Los menos tuvieron suerte y pasaron más o menos tranquilos de dictadura a democracia sin tener que salir a refugiarse, pero a veces bajo precios muy altos, cediendo grandes cuotas de alegría y libertad.

En este contexto ambiental la crítica literaria casi no existió, y el término NN ha venido desarrollándose desde hace muy poco y a generarse instancias de acercamiento entre los propios artistas gracias a los fenómenos de las nuevas tecnologías y las posibilidades de edición mucho más asequibles. Hay una melancolía grande en estos escritores y poetas, un espacio oscuro en la memoria que ha venido llenándose con publicaciones y antologías que nos entregan algunas señales de este tiempo, sobre todo a las nuevas generaciones de poetas y escritores que entonces éramos niños.

Generación Muerta Para Luis Riffo, uno de los integrantes de la Cofradía NN Sur, toma una definición alternativa a la propuesta por Montealegre y se queda con la propuesta por Claudio Faúndez, escritor porteño, organizador de los recitales de poesía de la Piedra Feliz, de Generación Muerta. Y la define como "una suerte de cofradía dispersa de escritores condenados a vagar con sus manuscritos bajo el brazo y un rótulo que los señala como eternos autores emergentes", y donde se mezclan las generaciones del 87 y 92, donde el punto en común que los caracteriza es una "maldición que los condena a un oficio autista, en una época que pese a la disponibilidad de tecnología para editar libros con facilidad, escasea la contraparte fundamental de proceso de escritura: los lectores". Dice que incluso pareciera que estos autores tenían más auditorio durante la dictadura, cuando los textos se difundían principalmente en forma oral o en precarias publicaciones, haciendo una crítica a la gestión de la cultura en tiempos de democracia.

Coincidentemente a este artículo, Riffo fue uno de los autores ausentes en este encuentro, realizado en Temuco en la Biblioteca Municipal Galo Sepúlveda en octubre, pero del cual hace referencia Miguel Ángel Manosalva e Ibañez Zumel organizadores del evento junto a Casa Litterae, entidad que difunde la literatura nacional e internacional a través de internet bajo la dirección de uno de sus editores senior, Juan Carlos Pantoja.
Ibáñez Zumel nos cuenta la importancia que tiene para ellos, como generación viva, desarrollar estas instancias de encuentro y dar paso a la discusión crítica y reflexiva en torno al valor histórico de esta generación de poetas y que marcó un periodo de la producción literaria en un momento clave en la historia del país. Nos señala otros apelativos con que se denomina esta familia generacional de poetas como: "Generación Invisible", "Criogenizados", "Generación de la dictadura", "Sobrevivientes", "Emergentes", etc. Cualquiera sea la definición que con el tiempo se oficializará, es un hecho que hasta el momento es la menos estudiada, ya sea por la cercanía temporal o por la dispersa gama de de intereses del mundo académico y disciplinario.

Para él, el retomar el contacto, luego de muchos años de separación (desde el año 86 aproximadamente) marcado por el cambio social del país ha generado una fraternidad literaria autodenominada La Cofradía, a los que algunos agregan el apellido NN Sur, la cual incluye a nombres como Miguel Ángel Manosalva, Hurón Magma, Tadeo Luna, Isaías Carrillo, Luis Riffo, Marta Manríquez y el mismo Franco Ibáñez Zumel. Todos ellos se conocieron en Temuco siendo estudiantes en la actual Universidad de la Frontera, Universidad Católica y talleres literarios como el Pewán del Liceo A-28.


La ciudad maldita


Son muchas las vivencias de estos, entonces jóvenes, poetas que improvisaban recitales de poesía en galpones, bodegas o en casas de militantes contrarios al régimen, y se subían al estrado con la cara pintada o debían reunirse en fiestas con antifaces y nombres falsos, acechados por el miedo a la traición de cualquiera de los asistentes o las sorpresivas embestidas de las policías.

Hoy nos hablan de un Temuco gris y de muchas formas violento, de una violencia a veces infiltrada en la misma sonrisa de los que decíanse amigos, amigos de "buen apellido" que muy sospechosamente hacían demasiadas preguntas, por lo que los círculos se hacían cada vez más herméticos y la poesía una suerte de leguaje paralelo que permitía una comunicación más real y hacía, en la tensión de la vida cotidiana, un espacio para la lucha y también para la evasión.

El Crítico y analista literario Pascal Tureuna, actualmente residente en la ciudad de Hamburgo, califica Temuco como la ciudad maldita en un artículo publicado en la revista Ariete y describe el Temuco bohemio de aquel tiempo:


"No había diferencia de clases sociales, todos eran un solo montón de rostros unidos por un rito milenario danzando alrededor del fuego que los protegía de las bestias, en este caso de sus propias bestias, sus pesadillas, e incluso de sus mejores sueños. Profesionales, adictos, traficantes, torturadores, la flor y nata de la pequeña aristocracia alemana, hijos de alcaldes, de artistas, de abogados, de latifundistas y ganaderos, de dignas madamas, estudiantes, artesanos, locutores de radio, soplones, uno que otro extranjero, escritores, pintores, esquizofrénicos, músicos, poetas, taumaturgos y nigromantes, todos en un solo hato hermanados por amor a la noche y sus misterios por develar"

Es así que bajo este régimen y estado de las cosas, la ciudad de Temuco recibe a estos jóvenes escribas procedentes de distintos lugares de La Araucanía y el sur de Chile y los trata como una mala madre que olvida a sus hijos y los abandona a su suerte y desgracia, quienes bajo el influjo del miedo y la necesidad de expresión, construyen una patria paralela y tan real como su angustia y sus anhelos, la poesía.