Nicolás Miquea Cañas, por Ernesto González Barnert

Nicolás Miquea Cañas, por Ernesto González Barnert

 

Nicolás Miquea Cañas (Llay-Llay, 1951) es la cabeza de una poesía que te punza de principio a fin. Una escritura brava. La ambición de una obra total. Cuya escritura socarrona, lúdica, inteligente

y asentada en las raíces de la poesía castellana sin perder olfato en las flores que vienen, lo hace vital para cualquiera que se jacte de conocer la poesía actual, sus mejores respiraciones. Sin duda, Nicolás Miquea es un poeta que moja el agua cuando escribe, que se ubica en la línea de los escritores valientes, que pellizca y es capaz de inclinar un talante plural -más que intertextual-. Y pasarlo por la puerta de su personalidad (popular y elitista a la vez). Alejándose, sagazmente, del tufillo de realismo cómodo o del tics macarrónico de la irregularidad de la joya que tan bien paga hoy pero que mellan el filo considerablemente a segundas lecturas.

- ¿Qué significa para Nicolás Miquea escribir Poesía?


- Escribir para mí significa homologar el mundo más inmediato con el que debo interactuar diariamente para intra, extra, sub y sobrevivir. Este funciona, a no dudarlo (hay que convencerse de algo), como una sociedad masificada y a la moda. Que legitima y deslegitima conceptos y acciones según los intereses de su propia dinámica y poder. Su lógica es la de lo efímero, de la innovación inagotable. El arte, como parte de esta misma sociedad, tampoco es capaz de sacudirse el hedonismo del consumo. Como resultante de esto la poesía que es parte, también, de la producción y oferta de objetos artísticos, concluye siendo extraída de un menú a la carta con platos más o menos sofisticados, según el cocinero y el restaurante que se trate. Plaza Italia para arriba, plaza Italia para abajo, en la capital. La Costanera o Pedro de Valdivia Alto, en Concepción. La parte alta de Playa Ancha (la Montedónico, la Joaquín Bello), los barrios patrimoniales, en el Puerto. En cuanto a lo estilístico acumulo estructuras dialógicas lo más lejanas posible de la producción de sentidos. Privilegio el eje de selección rehuyendo los determinismos combinatorios en la construcción de los discursos . Yo sólo trafico los cánones lingüísticos que pueden estar o no enmarcados dentro de las convenciones literarias. No fundo mitos ni sobre el yo del poeta ni sobre los lugares que él habita. Soy un mirón entre los tantos que son también observados. No pretendo estar creando una escritura propia ni quiero caer en los autismos de quienes así lo creen. La mía no es escritura nueva cuando yo era joven ni escritura vieja ahora que soy un viejo. Los poemas no son como el vino que mejora con el tiempo. Si nacen deformes así se quedan aun cuando pasen cien años, lo mismo sucede con su autor. Escribo sobre referentes antes que a partir de literaridades. Los libros (como objetos de consumo expuestos a la oferta y la demanda) con sus personajes y representaciones también los considero referentes. Le doy muchísima importancia a aquello que didácticamente, en la asignatura de Lenguaje, en nuestra vida de estudiantes se denominaba el ambiente. Y era rápidamente despachado en un par de palabras. Parece que al hablar de ambiente se creía estar hablando de Criollismo. Decíamos: ambiente rural o, decíamos, ambiente urbano. Y ello no ameritaba más desarrollo y estaban despachados los espacios sobre los que se escribía. Todo el interés se centraba en enseñarnos sobre la idea principal, sobre el tema, la descripción física o sicológica de los personajes, etc. Y se sigue, en los niveles de Media, enseñando de esta misma manera. También sucede que todos los bálsamos de fierabrás que se venden y se compran apuntan a hacer del poeta un ser particular, autocomplaciente con los eufemismos que delatan su propio lenguaje. Con sus "siempre" y sus "nunca", a flor de letra. Pienso que las actualizaciones así como cualquier definición sobre una determinada escritura son retóricas. Las autodefiniciones (las poéticas personales) igualmente son retóricas o antirretóricas para satisfacer a los más iconoclastas. Sólo se busca el posicionamiento con alguna receta novedosa que además cree seguidores. Así como los profesores, no por conseguir mejores sueldos (lo que parece un imposible), sino por estabilidad laboral, quieren entrar a las corporaciones municipales de educación, algunos escritores se desviven por ser parte de la institucionalidad cultural de la República. Es a partir de este momento que empiezan a traicionar el oficio, si es que escribir pudiera ser aceptado socialmente como un oficio, internándose en el terreno del oportunismo político. Hay ejemplos de escritores que avalan esto y con muy buenos resultados para sus carreras. Mas como estamos hablando de literatura la verdad es que no hay nada nuevo bajo el sol, poetas. Ni en los márgenes ni en el centro ni en los pliegues. Y cada cual habla o calla lo que su consecuencia o conveniencia le dice que hable o calle. Cada cual, después de todo, se gana la vida como mejor puede. Yo, en Asunción del Paraguay, por los cerros del Puerto, en el valle del Aconcagua, en la Villa Grecia de Maipú, o en las barriadas penquistas, vendiendo pósteres, con buenas o malas palabras (que es lo único sobre lo que hipotéticamente podría tener poder) textualizando mis experiencias y lecturas, componiendo décimas y cuecas o alfabetizando y los mesteres de clerecía, según se lo dicten sus conciencias, esforzándose por hacer oír su voz si no en el Ministerio de Relaciones Exteriores, en pos de alguna apetecida agregaduría cultural, al menos accediendo al reducido mercado de los libros existente en nuestro país.

 - ¿Para quién escribes?
- Para mí mismo, como ahora. Para decir lo que pienso y siento. Para los demás si a alguien le interesara lo que pienso y siento. Lo hago en serio y también cagándome de la risa. Así como me va la vida en cada una de las cosas que hago, también me va la vida cuando escribo. Soy muchos sujetos en mi quehacer diario y el poeta es uno más de ellos. Y cuando le llega su momento él y sus intercesores hacen lo suyo. Ni más ni menos. Ni grandes reflexiones filosóficas, históricas, sociológicas, estéticas, antropológicas ni sicológicas. Sólo valores o desvalores transados en la bolsa cotidiana del lenguaje, en el habla del clandestino del pasaje de la esquina de la Eleuterio Ramírez, en Porvenir Bajo (P. Ancha), o bordeando el Caracol allá en los barrizales de la Agüita de la Perdiz, en Conce). El carácter puramente formal o social de la escritura son autodefiniciones que hablando de literatura sólo podrían ser aceptables dentro del propio libro. El mío es únicamente un papel de operador que dispone, mejor dicho, que expone en diferentes contextos la mayor variedad posible de discursos. Sean éstos literarios o no lo sean.

- ¿Cuándo escribes necesitas algo a tu alrededor, alguna cosa, haces algo en particular, etc.?
- Me saco los mocos a veces, me rasco la cabeza en otras. Suelo también prender una vela en momentos de mayor misticismo. Me agarro las bolas para calentarme las manos cuando hace mucho frío. Escucho música, aunque en realidad soy un poeta tan inspirado que con un poquito de Tannhäuser y otro tanto de la Polla Record me alcanza casi para escribir un libro.

- ¿Cómo es tu proceso escritural? ¿Cómo trabajas hasta concretar un poema?
- Leo en un diario, por ejemplo, sobre el lamentable deceso de G. Donoso, nuestro Maradona del Polo (Q.E.P.D.) Sus amigos recuerdan entre sus frases más célebres, una que da cuenta de su vida social íntimamente ligada a su categoría como polista: "el príncipe Carlos se reía mucho con mis chistes". Esto indudablemente que evidencia de un modo irrebatible el sentir y el hacer de una clase social completa, probablemente algo así como el 5% del total de la población chilena (descendientes directos de extranjeros en primera, segunda o tercera generación). Gobiernan (así lo dice nuestra historia golpista y republicana, salvo excepciones), hacen leyes y se enriquecen en Chile, pero su cabecita vive en las metrópolis y cultura (farándula o universidades) del hemisferio norte. Lo demás les queda para el folklore: las banderitas, el copihue rojo, las empanadas, el vino tinto, la cordillera blanca, el cóndor y el huemul, la Canción Nacional, los guitarrones, la Parada Militar. No podría ser de otro modo ¡si son los ingleses de Latinoamérica! Coherentes y consecuentes. ¿O acaso tiene otra explicación nuestra complicidad en la muerte de miles de argentinos en las Malvinas, facilitándole la entrada a los comandos ingleses por territorio nacional? Son los mismos que son capaces de llevarnos a una guerra por no entregarle, devolverle mejor dicho, su mar a Bolivia. En todo caso, como en la Guerra del Pacífico, una vez más serían los obreros del campo y de la ciudad quienes deberían ir al frente. A ninguno de nosotros le interesan mucho los libros de historia oficial ni las estatuas ni nombres de avenidas y calles de la República, no obstante no está de más constatar que siempre son ellos los dueños de nuestras plazas, calles y avenidas, como recordatorio diario para el resto de la población sobre quiénes son los neoliberales encomenderos que ayer mandaron y hoy siguen mandando en este país. Este es el tipo de reflexiones que me pone en disposición de escribir, por ahora, y es materia de un libro que autopublicaré este año. Quienes entregan las llamadas becas de creación literaria al parecer tienen otro paladar poético (o demasiados amigos que complacer. Con 96 puntos no me la entregaron el año pasado), así es que sacrificaré los dientes que me quedan por publicar este libro que hasta el momento se llama Pájaros Ejemplares. Y lo demás es echar mano a las décadas de ejercitación literaria que llevo para hacerlo de la mejor manera posible. Estas circunstancias son sólo uno de los modos que me provoca escritura. Suelo también jugar bastante con los registros escriturales de otros autores. Sobre todo con sus autismos literarios y afanes fundacionales. Con la linealidad, binarismo y obediente acumulación de poemas en sus libros cerrados. Sus grandes vuelos intelectuales o las estrepitosas bajadas, con aterrizajes forzados o planeadas a vuelo de pájaro sobre las villas y poblaciones. El esnobismo y la grandilocuencia de quienes escriben son temas inagotables. Y, por supuesto, la prepotencia cuando como a menudo sucede esta clase de escritores alcanzan posiciones de poder.

- ¿Es necesario que el escritor sea un hombre comprometido

- No puedo ocultarme en la generalidad que resulta de decir "el escritor". Tengo que asumirme y responder por mí mismo. Pienso que el compromiso puede estar tanto en la propia escritura como en mi actividad como educador popular. No es excluyente. Aun si estuviese en la academia (qué más quisiera para dedicarle mucho más tiempo que el que le dedico a la literatura) también me consideraría un sujeto comprometido, según la manera (pulcra o descuidada) con que enfrente y desarrolle las diversas metodologías de acercamiento a su enseñanza. Los trabajos académicos, partiendo por la cabeza y pasando por los estudiantes de pre y posgrado, están llenos de clichés. Alguien refiriéndose a Los Vigilantes, de Diamela Eltit, escribe por ahí: "una magistral representación de la figura de la madre y una deconstrucción de las dicotomías y estereotipos de género". Suena bonito ¿eh? Y otro botón de muestra (juicio de uno de los jurados sobre el ganador de ese año en el premio de poesía de El Mercurio): "aquí el motor fundamental es la armazón sustantiva del sujeto en un solo y gran movimiento multidimensional en busca del ser". Gran palabrería y de corrido y todo. Esto lo argumentó Ana María Larraín u Óscar Hahn, no recuerdo bien. El otro jurado fue Nicanor Parra. El compromiso, en este caso, como hipotético académico o como evaluador en convocatorias literarias, consistiría en desarrollar un lenguaje escritural propio y no de acuerdo a la moda que trajeron quienes en los últimos veinticinco años hicieron sus PhD en el extranjero o quienes le han cambiado recientemente (con más de veinte años de desfase) el nombre a los talleres literarios, según usanza de la Universidad de New York, para denominarlos escuelas de escritura creativa. Ahora, en todo caso, el asunto es bastante más pernicioso. Nuestras universidades han creado sus propios programas de posgrado y, en consecuencia, quienes repiten y siguen haciendo sonar la misma cantilena de aquellos años ni siquiera lo hacen de primera mano. Y si no pregúntenselo a un estudiante de pregrado en literatura que reciba clases de uno de estos nuevos posgraduados o aspirante a Doctor. Es la mediocridad dentro de la mediocridad. Por eso, no creo que el compromiso deba ser entendido preferentemente como socioescritural, sino también como excelencia dentro del trabajo que cada cual realiza. Pienso que el llamado compromiso social del escritor de un modo más amplio se debe entender como la capacidad de mantener en un nivel de consecuencia las palabras, las competencias, los silencios, las incertidumbres, las incompetencias, las decepciones, las alegrías, tanto textuales como sociales, en concordancia con los actos que responden a estas razones.

- ¿Cuéntanos un poco de tus inicios en la poesía, las lecturas que te inclinaron, etc.?

- Mis inicios en la literatura estuvieron junto a los poetas Mario Milanca y Carlos Cociña en la ciudad de Concepción. Al alejamiento de éstos de la ciudad yo, en el sentido literal de la palabra, recluté entre otros estudiantes que estudiaban en la U. de Concepción, a Osvaldo Caro, Thomas Harris y Carlos Decap, que es el único de ellos que dada su transparencia no se incomoda con esta versión. El diario El Sur de finales de los 70 y mediados de los 80 da cuenta de esta realidad. Y creé con ellos el Grupo Punto Próximo. En todo caso siendo yo un escritor que no sabe más literatura que la que pueda saber un lector cualquiera, no mencionaré a Joyces ni Kafkas (términos usados por mi hijo, el NR en un texto propio), dentro de mis lecturas, ni a otros tantos escritores citables (como a menudo sucede) para prestigiarme o darle una manito de gato a mi propia poesía. Es como ataviarse con brillantes y coloridas plumas que a uno no le pertenecen. Algunos se desviven por ello y en estos momentos particularmente a muchos les penan noche y día los viejos poetas ingleses. Un sui generis colonialismo poético tardío, desconociendo y considerando que ya estamos casi por cumplir doscientos años de un colonialismo sociocultural europeo que durante todo este tiempo ha permeado la totalidad de nuestras aspiraciones de desarrollo como sociedad. Decían los formalistas rusos que lo que más influía en una obra literaria era otra obra literaria (o algo así). Preciosista, me gritó allá por el 1978 el gran poeta Clemens Papa (seudónimo sociológicamente mapuche creo entender) o Clemente Riedemann, como se hace nombrar ahora, la última vez que hice esta alusión. Repentista me dijo otro que se enteró que yo también escribía décimas y cuecas. Las lecturas de cada poeta, así como mucha de su poesía, suelen ser hechos socioculturales determinados por el canon literario dominante. Lo único particular de cada cual es su propia vida, pero el modo de definirla a través de la escritura ya se torna algo más dudoso. Me conmueve, en ese sentido, la literatura de Pablo de Rokha. Y lo demás, según jipjopea el Atanasio Beley, en uno de sus temas, lo demás, sí, lo demás, lo demás es puro invento, lo demás es puro invento.

- ¿Qué poetas, escritores, artistas o experiencias han marcado tu cocina literaria y también la propia vida?

- Los Motivos del Lobo, de Rubén Darío, es el poema que nombraría si tuviera que decir cuál es una de las razones por las que empecé a escribir. Me lo enseñó mi maestro de básica Carlos Aedo Liendo en el Hogar de Menores La Higuera, situado en una zona precordillerana cerca de San Felipe, a la vista del monte Aconcagua. También como a tantos otros me conmovieron los libros U y Los Gemidos de Pablo de Rokha. Los relatos de Juan Emar. El cuento El padre, de Olegario Lazo Baeza. Releo también, a veces, a algunos de los poetas menores de la llamada generación del 60 para estar alerta respecto de aquello de lo que uno se debe alejar. Las escrituras ajenas son útiles como referencias. Y en tal sentido este tipo de poetas u otros, sin nada que aportar al carro de la poesía chilena, son una gran referencia.

- ¿Cuál es tu relación con los poetas de tu promoción?

- Ninguna. O una puramente formal. En plena Dictadura, no recuerdo si fue el 82 ó el 84 el Instituto Cultural de Las Condes convocó, a nivel nacional, tanto a los poetas consagrados (con residencia en el país) así como a los llamados emergentes. Entre éstos, de acuerdo a afinidades que creyeron ver los organizadores, se hicieron mesas de lectura. Había poetas de Santiago, Valparaíso, Puerto Montt, Valdivia, Chiloé, Temuco y yo fui invitado por Concepción. Entre los poetas que recuerdo estaban Llanos Melussa, Carlos Alberto Trujillo, Clemens Papa, Memet, Mansilla, Guido Eytel, Gustavo A. Becerra, Juan Cameron. Quizá si también estuvo el Pepe Cuevas, pero me perdí la oportunidad de conocerlo entonces y alguno otro que no recuerdo o que, posteriormente, derivó en la narrativa. La mesa a la que a mí me integraron, por lo que se consideraban rasgos, tono, búsqueda, temperamentos escriturales similares, o qué sé yo, estaba formada por Maquieira, Bertoni, Zurita, Ronald Kay y Juan Luis Martínez. Si esto pudiera llamarse una relación, éste fue el único contacto que yo tuve con los poetas de la que sería mi generación. No conocía personalmente a ninguno de ellos y de hecho no volví a verlos nunca más. También desde ya hacía unos años, no obstante, mantenía y mantuve en Chiguayante un fraternal nivel de amistad con Thomas Harris, que se encontraba inmerso en la búsqueda de su propia escritura y no se integraba aún, acá en Santiago, al Clan Calderón.

- ¿Cómo ves la poesía actual chilena?

- La actual poesía chilena está hecha o sostenida para ser más preciso en sólo dos nombres por más que nos pese: Gonzalo Rojas y Nicanor Parra. Ellos han dado una gran cantidad de sucedáneos, con más o menos sabor, según sea su acercamiento o distanciamiento respecto de sus escrituras. Pienso que, aun habiendo corrido mucha agua bajo los puentes, estos poetas más nuestras otras lecturas son nuestros más inmediatos referentes. Lo que para algunos, esto mismo, se traduce en lo que llaman una sana continuidad a mí me parece estancamiento. No obstante encuentro lecturas motivantes en poetas muchísimo más jóvenes y otros no tanto (pero nacidos a partir de los 70) como Armando Roa, Andrés Anwandter, Javier Bello, Leonardo Sanhueza, Alejandra del Río, Rafael Rubio, Felipe Moncada, Miquea González, Germán Carrasco, Héctor Hernández Montecinos, Virginia A. Calderón, Damsi Figueroa, Santiago Bonhomme, Rodrigo Rojas, Camilo Muró, Paulina Ibieta, Ricardo Espinaza, Patricio Serey, Gustavo Barrera, Rodrigo Véliz, Cristian Cruz, Jorge Cid y Julieta Marchant, entre los que recuerdo y conozco.

- ¿Qué opinión te merecen los talleres literarios?

- Depende de quien los haga. Hay quienes los necesitan y quienes no. Creo también que es una de las buenas maneras que tiene de gastar sus fondos la Fundación Neruda. Mal que mal hay que responder a los beneficios que significa la exención de impuestos y proyectos que se le otorgan a estas fundaciones. No olvidemos que a nuestro Iván, con lo muerto de hambre que está, le han llovido los recursos (Transantiago incluido), aunque no para hacer poetas, sino para hacer futbolistas de los niños en riesgo social de nuestro país. Digeder mediante. La verdad es que sigo creyendo que el mejor taller se lo hace cada cual sólo ordenando, en la medida de lo posible, como dijo el expresidente Aylwin, sus propias lecturas. Igual, para hacer más ilustrativa mi respuesta, y como en el pedir no hay engaño, aprovecho la oportunidad que me da esta entrevista para pasar este avisito. En una de ésas da resultado y termino con unos cuantos talleristas a mi haber:

 nh miquea-cañas, poeta activo, vivito y cooleando,
despojado del premio del consejo nacional del li
bro y la lectura 2005 por zurita, harris y cía., pero
ganador del premio municipal de literatura deste
mismo año por su libro de atanasio beley, cagado
como está de plata, ofrece sus talleres vocacio
nales de poesía y parnaso público nacional. también
las múltiples y variadas terapias y recetas poéticas
alternativas para la cura del mal de amores y de
presiones endógenas. salidas a terreno. con cover.
precio: $ 500.000 mensuales.
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- ¿De tu obra si tuvieses que elegir un poema o fragmento...cuál?

- La verdad es que elegiría un texto no de mi obra, en su mayoría inédita, sino del libro por autopublicarse antes mencionado: Pájaros Ejemplares. El texto se llama Enrique Linh Dijo, tiene una dedicatoria, y es el siguiente:

ENRIQUE LIHN DIJO

. .. .. .. .. . .. .. . .. .. . .. a Lastra y Valdés

El diario de muerte de un desesperado
las páginas escritas
entre este mundo
y el otro
para no defraudar a mis amigos poetas
y profesores de literatura

La vanidad hasta la expiración
el último aliento
que me corre
por las venas
y me alivia más que la morfina

Morir con las botas puestas
como diría
alguno
más aficionado
a la épica
que a las letanías de cabecera

Yo Enrique Lihn Carrasco
sin claudicar
confieso
y sin vergüenza ajena
ante las cámaras
que nací para ser poeta
con la sola excepción
de mis domingos libres
los seis
restantes días de la semana

Al menos por hoy santeros
y ante lo irremediable
pudieron
haber postergado
su saciedad
cuando yo les gritaba
a voz en cuello
que la ropa sucia se lava en casa

Más allá de cualquier lisonja
les digo
premio
arma cortante o prólogo
a mis obras completas que alguno
de ustedes
se traiga
bajo el poncho
estoy seguro de que el hedor
a cadáver
emanado de mi cuerpo
durante la noche
esta vez
no lo harán literatura malditos

- ¿Qué libros nunca has podido terminar de leer?
- Las novelas, en general, con las honrosas excepciones de Pedro Páramo, y autores como Carpentier, Kafka, Manuel Rojas, Bradbury, José Eustasio Rivera, Joyce, Juan Emar, Dostoievski, Lemebel, y algún otro que se me pueda olvidar. Tampoco he terminado de leer los sonetos de Pedro Prado y, por supuesto, Alsino. Por éste me saqué un 2 en la Básica. Considero increíble que en narrativa chilena, en los departamentos de Español, se siga haciendo leer a Mariano Latorre. Me recuerda esto a un profesor de mi universidad que se pasó treinta años enseñando un mismo poema de García Lorca, porque al parecer era el único que sabía analizar. Qué suerte ¿no? para mantener por casi nada una cátedra universitaria. Últimamente he perseverado con los libros de Hernán Rivera Letelier, pero tanto determinismo, lírica de tercera y lugares comunes me los hacen indigeribles.

- ¿Cuál es para ti el gran libro olvidado de la poesía chilena?
- Yo diría que no sólo olvidados, sino libros desconocidos dentro de la poesía chilena. Recuerdo, por ejemplo, dos libros de Mario Milanca Guzmán: El Asco y Otras Perspectivas y La Isla, el Reino, el Sueño. Y de Jorge Cáceres: "Por el camino de la gran pirámide" y "Monumento a los pájaros", los cuales nunca he tenido en mis manos. Sólo he encontrado por ahí algunos textos dispersos. Mujeres de Oscuro, de Efraín Barquero y otros algo más recientes: Cabeza, Manos, Tronco y Cuello, de Miquea González, Cuestión de Ojos, de Carlos Decap, y AKA: Sólo para tus ojos, de Jorge Ojeda.

- ¿Cuál fue el último libro de poesía chilena que leíste?
- He releído últimamente a Gonzalo Rojas, a través de su Esquizo. Un poquito antes leí Coma, de Héctor Hernández Montecinos. Y lo más reciente: Músico de la Corte, de Felipe Moncada y Naturaleza Amor, de Santiago Bonhomme. Y lo último, la sorprendente poesía de Julieta Marchant aún no editada.

- ¿Qué libro estás leyendo ahora?
- Textos y Discursos, un didáctico libro (en opinión de los iniciados) que le viene muy bien a un no iniciado, como yo, que apenas sí sabe algo de teoría de los discursos (y literatura, en general) y a quien la palabra semiótica le suena, más bien, como a una mezcolanza del término ´semen' más el de ´robótica'. Su autor es el académico Gerardo Álvarez de la Universidad de Concepción. Actualmente fuera del país, me dijeron.

- ¿Cómo ves hoy por hoy la industria editorial? Como autor ¿qué soluciones le darías a este problema?
- La industria editorial, como tal, responde al mercado. En este sentido no hay que pedirle peras al olmo. El libro es un producto tan transable (nos guste o no nos guste) como la actual educación (LGE incluida) o cualquiera de los valores de la Bolsa de Santiago. Acá quien decide es quien tiene el poder. Particularmente el poder económico respaldado por una legislación que lo favorece. Esa es la realidad. Por eso resulta ingenuo proponer obviedades como la rebaja o eliminación del IVA en la comercialización del libro. Creo yo que es más factible proponer un sello editorial, con fondos del Consejo y comisiones evaluadoras sin intereses creados que seleccionen anualmente una cierta cantidad de libros editables en los diversos géneros y no eliminen, sino que dejen en lista de espera (si su calidad literaria así lo amerita) los libros finalistas de la convocatoria no seleccionados para editarlos al año siguiente. La comercialización y los circuitos de distribución deberían estar a cargo de esta propia editorial, tanto para el país como para el extranjero. Si prima en la selección de los autores, antes que el amiguismo y las redes institucionales de la cultura, su calidad literaria, en unos cuantos años se prestigiaría a tal nivel que hasta sería pensable un posible autofinanciamiento. Es que buenos poetas tenemos, ciudadanos. Narradores ya no tanto, pero igual la venden.

- ¿Qué piensas de los Premios literarios?
- He recibido sólo un Premio literario en mi vida: el Municipal de Santiago el 2005. Considero que ese mismo año fui despojado del Premio del Consejo, categoría editado. Tengo la más absoluta certeza de que el Libro de Atanasio Beley fue el libro de poesía más interesante de ese año y unos cuantos más. Estaban compitiendo en esa instancia los mismos libros considerados para el Municipal que yo ya había ganado. También le anduve cerca un par de veces al Premio Casa de las Américas (Cuba). Fui finalista el 2008 con Ruidos de la Selva (no editado) y el 2000 ó el 2002 volví a ser finalista con Teatro de los Poetas (no editado). Pero tropecé entonces por primera vez con la misma piedra que tropezaría, posteriormente, el 2005. Si los poetas chilenos, por lo demás, de mi generación, que en estas oportunidades integraron el jurado cubano me hubieran dado su voto, quizá otro gallo me habría cantado. Pero como ellos ven en el oficio de escribir una verdadera carrera de caballos, la verdad es que cualquier topeadita que te echen les sirve. Ahora, más allá de las loas o animadversiones que despierten estos u otros premios literarios es indudable que siempre quienes los ganen se quedarán conformes y quienes los pierdan renegarán de ellos o de sus jurados. Algunos con razón y otros con ninguna. Y yo que soy un weón común y silvestre, nunca convocado de jurado en concurso literario alguno, como cualquier hijo de vecino que sólo mira pasar la comparsa, no tengo por dónde pensar diferente. Por mucho que reniegue de ello también, irremediablemente, soy hijo de los determinismos.

- ¿Quién te gustaría que recibiera el Premio Nacional de Literatura?
- Antes que nada me gustaría, por una cosa de asepsia literaria, que se lo quitaran a unos cuantos que ya se lo han dado. También me gustaría que se lo dieran de nuevo a Raúl Zurita a quien se lo regalaron por su oportunismo político. Tiene méritos suficientes para ganárselo otra vez, pero ahora como corresponde: por sus méritos literarios. Creo que a aquellos notables escritores que no se lo dieron en vida debieran dárselo posmortem como un reconocimiento a su obra y consecuencia. A aquellos que lo ganaron en Dictadura, salvo honrosas excepciones, no vale la pena mencionarlos. Todos sabemos quienes son o fueron. Ahora, ni por la narrativa que escribió ni mucho menos por su poesía se le debió entregar a Volodia Teitelboim. Tampoco a Alfonso Calderón, por las mismas razones, en su momento. Para investigadores como ellos debiera existir otro ítem. Hoy pienso que tendría que entregársele el Premio Nacional de Literatura al poeta Efraín Barquero por su trayectoria y obra poética. O si no al poeta chillanejo Ramón Riquelme o a Atanasio Beley, uno de los tantos poetas populares que en décimas o cuecas han escrito la historia de este país. Aunque he sabido que últimamente suena bastante Pablo Mackenna. De concretarse su candidatura creo que tiene grandes posibilidades de recibirlo.

- ¿Qué te parece este Chile ad portas del Bicentenario? ¿Su política cultural para con la Poesía?
- Así como la moda es binaria, en el sentido de que se está o no se está con ella. Así también hay quienes consideran que ad portas del Bicentenario estamos la raja y otros creen que estamos en el final de los tiempos. Siendo éste un gobierno ciudadano me parece muy coherente ver cómo La Moneda se ha abierto a los artistas. Me hubiese gustado eso sí que la Presidenta Bachelet hubiese compartido algo más a sus artistas predilectos con todos nosotros, porque a muchos como yo en la población nos hubiese encantado también conocer y estrechar la mano de un Miguel Bosé, de un Sting o su baterista, por ejemplo, y tantos otros íconos de la cultura global que ella ha recibido en la Casa de Gobierno. O que nos hubiese invitado a California a conocer a Schwarzenegger para decirle graciosamente (en su perfecto inglés según le dicen): hasta luego. Nos hubiese encantado, también, ir a Isla de Pascua a escuchar a Los Jaivas que si no me equivoco ya van en el enésimo homenaje al Gato Alquinta. En todo caso, como número fijo que son, en los carnavales culturales de Valparaíso, creo que volveremos volveremos oh oh oh♪ volveremos a tener la oportunidad de nuevo de verlos y escucharlos. Y una última opinión, ésta también constructiva por supuesto: si ya no tuvimos ningún sir Laurence Olivier ni tenemos una Helena Bonham Carter, o algo parecido, a lo más una Rivadeneira, un Bastián Bodenhoffer y un Cristián de la Fuente, pero sí tenemos un Pablo de Rokha, un Vicente Huidobro, un Pablo Neruda, una Gabriela Mistral, un Gonzalo Rojas, un Nicanor Parra, un Teillier, un Lihn, etc., hay sólo una cosa que yo respetuosamente le pediría al ex ministro Eyzaguirre y a la Santa Teresita de los Andes de cara al Bicentenario que se nos viene: ¡menos plata pal teatro y más plata pa la poesía, mierda! Se lo merece ¿no?

- ¿Qué palabras le dirías a alguien que está comenzando en esto de la poesía, alguien que ha decidido ser poeta?
- Sé futbolista mejor o bailarín (a) o cantante, weón (a). Te van a llover la plata y las minas. O los minos, es cuestión de sexo u opción ídem. O si persistes en esto de la poesía te recomiendo que no leas demasiado. Ojalá nada. Y si aun así caes en el vicio de la lectura te recomiendo que te perfecciones en el arte del plagio y las citas de autores que no sean precisamente los que estás plagiando. Así podrás decir en propiedad, y sin falsa modestia, en una de las tantas entrevistas que alguna vez te harán, que la verdad es que tú no sabes nada de literatura. Y no será un chiste, que para eso ya tenemos un clown de reconocida y extensa trayectoria que porque no quiere nomás no está actualmente en la autodenominada Premier League jugando por cualquiera de los mejores equipos de Europa.

- ¿Cuáles son los 10 libros que recomiendas leer?
- La verdad es que no se me ocurre ningún otro que no sea el Libro de Atanasio Beley. Como el Consejo Nacional del Libro sólo me compró 50 yo pude gracias a un amigo que es detective privado seguirle la pista a través del territorio nacional. Sé que hay un ejemplar de él en las respectivas bibliotecas municipales de Llay-Llay, Ñipas, Hualañé, Chaitén, Los Loros, Quebrada de Herrera, La Higuera y otros lugares cuya lista tengo en mi poder. Los demás, por si a alguien le interesa compartir mis gustos literarios, están todos guardados en mi pieza: alrededor de doscientos. Y como nunca fueron presentados en sociedad están dispuestos a ser leídos y tocados y retocados, sin remilgos ni pudores, en cualquier feria, cumpleaños, bautizo, despedida de soltero (a) o evento público o privado que les propongan (por muy modesto que éste sea). Su tarifa por actuación, amplificación incluida, es muy económica. La verdad es que irían donde les pidan sólo por el sanguchito y la bebida.

- ¿Qué opinas de las nuevas formas de difusión literaria por internet como revistas literarias, blogs, páginas sobre literatura?
- Muy democrático. Si es que fuera bueno que la literatura deba ser democrática. Una verdadera reivindicación de Babel y su confusión de lenguas. Ahora, tomándole la palabra al maestro Félix Martínez Bonatti sobre eso de que la poesía es un soliloquio imaginario, a quién le puede importar mucho, en todo caso, el lugar o medio dónde y cómo se decida soliloquiar. Quien sea que escriba y sienta la necesidad de exponerlo a los demás se merece un espacio. En este sentido, las páginas sobre literatura y las revistas literarias en la red han pasado a ser un espacio imprescindible para quienes desean expresarse. También están los foros literarios y blogs. A partir de ellos se actualiza y a menudo se reinventa o desarticula el habla diaria que la normativa quisiera mantener por demasiado tiempo sin cambios. Esto creo que funciona según las preferencias y recomendaciones de los amigos. Los poetas, a los que la industria editorial en papel no publica hasta que sean sandías caladas y estén respaldados por su propio dinero o apoyos de otra índole, tienen su oportunidad en las páginas literarias y revistas virtuales. Gracias a Juan Carlos Pantoja en Concepción, su gestor, tenemos a varias de ellas en funcionamiento, entre las cuales están Litterae Internacional y Litterae Nacional (ésta a cargo de Greta Montero). Y en Santiago Cyber Humanitatis, dirigida por el poeta Javier Bello. Sólo son las que más conozco.

- ¿Qué cosa últimamente te quita el sueño?
- Me quita el sueño no tener una casa con plantas que regar. Me quita el sueño, aunque simule no darle importancia, que se me estén cayendo de a pedazos los dientes de adelante. Me quita el sueño quedarme irremisiblemente pelado. Me quita el sueño pensar que llegará algún día en que no se me parará el pico. Me quita el sueño que Nancy se vea infeliz y que yo no pueda hacer nada para remediarlo. Me quita el sueño que mis hijos y los hijos de mis hijos no alcancen a ser todo lo que quisieran ser. Me quita el sueño, también, que Greta de un día para otro deje de amarme. Y, por último, me quita el sueño, además, que resulte ser cierto aquello que dicen algunos dogmáticos de que después de esta vida sí haya otra, y no esos átomos desesperados que nos hicieron hombres, como escribió Pablo de Rokha en la Carta Perdida a su hijo, el poeta Carlos de Rokha, esperando en la materia algún rencuentro que pudiera volver a cruzar sus afectos con él en algún momento del tiempo.

- ¿Qué te escandaliza?
- Me escandaliza la ignorancia, me escandaliza la inteligencia emocional, me escandalizan las cosas que la gente hace por prestigio y/o por dinero. Me escandalizan las cosas que la gente no hace por prestigio o/y por dinero. Serán muy weones digo yo. Me escandalizan quienes ejercen con negligencia sus oficios. Me escandaliza la conciencia ingenua o interesada de quienes tienen a su cargo la institucionalidad cultural en este país. Me escandaliza que quienes tienen títulos profesionales en diversas especialidades vivan del dinero que debiera ser destinado a aquellos artistas que realmente lo necesitan. Me escandalizan quienes abultan sus currículos literarios. Me escandaliza la prepotencia de los gobiernos de turno que ven en los escritores a parias que se muerden y quitan el pan de la boca entre sí por unas pocas monedas concursables. Me escandaliza que nosotros, los mestizos de este país (la mayoría de la población), seamos la comparsa que valida este Concerta sistema democrático. Me escandaliza que nuestras autoridades inauguren y permitan que se entreguen a las familias chilenas viviendas de menos de 32 metros cuadrados en nuestras villas y poblaciones. Me escandaliza que las instituciones de beneficencia traten con paternalismo y rudeza a quienes por extrema necesidad necesitan de su ayuda, siendo que sin ellos, utilizados como señuelos lava conciencias, no existiría la infraestructura que tienen y todo ese aparataje que hace posible su posicionamiento y visibilidad. Me escandaliza que en la Sociedad de Escritores de Chile apenas haya escritores. Me escandaliza que en la calle anden patinando otros tantos. Me escandalizan quienes hacen los libros de texto para Lenguaje y los aprovechan para antologarse ellos mismos o sus amigos literatos. Me escandalizan, por último, algunos académicos que siendo mediocres poetas trafican influencias literarias, a través de la universidad, para situar su poesía. Hoy sólo me acuerdo de uno llamado Pedro Lastra. Quizá si unos cuantos de ellos podrían ya haber renunciado a su empeño y yo no haberme enterado. En ese caso me retracto de lo dicho y les pido disculpas. Ellos saben.

- Y por último ¿a qué le tienes miedo?
- No le temo a nada. Al menos no a tanto como para escribir un libro sobre ello. A la soledad tal vez, a la decepción y al exceso de optimismo por momentos. Y lo demás es literatura. Antologías de terror, antologías de literatura fantástica, historias personales del miedo, etc. El hecho de que yo no le tema a nada, le tema a todo o solamente a lo inconfesable, son sólo pretensiones de creer que mi miedo o audacia sean particulares o especiales respecto del miedo o audacia de los demás. A menudo sucede que los posicionamientos, las facilidades editoriales de algunos van en directa relación con su falta de imaginación y autocrítica. Estos privilegiados, por uno u otro nexo, ligados a las casas editoriales extranjeras, con filiales en Chile, llegan incluso a perder el sentido de lo que escriben, creyendo a pie juntillas que todo lo que defecan tiene un valor literario. Hasta sus histerias. Todo esto creo que es para decir que el único miedo real que siento es el de la certeza de quedarme sin dinero, o sólo con el mínimo para sobrevivir, y suceda de nuevo como me sucedió con el Libro de Atanasio Beley y me demore otros treinta años más en volver a autopublicar.

Tomado de http://www.letras.s5.com autorizado por el entrevistado