Una escritura en espejo: El diario íntimo de José Donoso.

Una escritura en espejo: El diario íntimo de José Donoso.

 Al iniciar este ensayo busco precisar algunos acercamientos teóricos en torno a la figura del escritor chileno José Donoso, basado en la escritura de su Diario íntimo, que se articulan de acuerdo a lo que en el título llamo una escritura en espejo.

De este enunciado surgen distintas ideas que revisaré a lo largo de esta reflexión. Antes de ello, una precisión. Acercarme a la lectura y a los pensamientos de los diarios íntimos, como género referencial, en general, y al diario de Donoso, en particular, ha suscitado un desafío intelectual, debido a la amplitud de temáticas desde las cuales se puede abocar la problemática. Para poder asir, por tanto, esta dificultad he previsto circunscribir el corpus diarístico a una época conflictiva en la vida del escritor: me refiero a los textos escritos en Madrid entre los años 1978 y 1980. Este periodo de tiempo es interesante porque se articula desde distintas perspectivas: la asunción económica del escritor en el extranjero y el retorno a su país natal; su preocupación por su economía; su placer en la imagen del mendigo, cual paseante y despreocupado, en contraposición a la preocupación por establecerse definitivamente en un lugar. En este periodo, además, escribe dos novelas: La misteriosa desaparición de la marquesita de Loria (1979) y El jardín de al lado (1981), que funcionan como contracaras de los conflictos presentados en su diario. De la imagen proyectada como escritor, su asunción económica, la idea del mendigo y la pertenencia a un lugar puedo establecer una relación con la escritura en espejo y, específicamente, con la idea del doble, concepto que parte del mito y que decanta en la paranoia revisada por el psicoanálisis. Señalo que el vínculo producido entre vida y obra, o entre diario de vida y novelas, producen lo que nombro como escritura en espejo. Me pregunto entonces, ¿es toda escritura en espejo una textualidad narcisista?, y ¿en toda escritura narcisista persiste el miedo y la fascinación que provoca el doble? Dejaré estas preguntas en espera por el momento para abocarme al inicio de la cuestión.

Considero pertinente iniciar la reflexión remitiéndome a lo que se entiende por relato testimonial y que Leonidas Morales (2001) ha desarrollado en su libro La escritura de al lado. Géneros referenciales. Éste señala dos características importantes a destacar en torno a este tipo de discurso (que no puede ser considerado una tipología genérica) referidos a su carácter de transhistórico y de transgenérico. Esto quiere decir que el discurso testimonial no puede ocupar un lugar en la institución que regula los géneros, puesto que carece de independencia de actualización que sí poseen los géneros. A su vez, el testimonio necesita indefectiblemente un discurso genérico existente para ser actualizado, en la medida que actúa como ente parásito de otros. En ese sentido el testimonio puede ser llevado a cabo si es que se inserta dentro de otros géneros referenciales como la carta, la biografía, la autobiografía, la crónica urbana, el diario íntimo, entre otros más. Teniendo en cuenta que el discurso testimonial funciona como recurso subsidiario, no obstante que el contenido de los otros géneros referenciales converjan en la necesidad de entregar una información personal e histórica desde donde se precise el establecimiento de una verdad, debo abocarme al género que lo abarcaría y que es pertinente para este ensayo: el diario íntimo.

Como género referencial, en el diario íntimo deben darse ciertas características para ser considerado como tal. Los textos no deben ser ficcionales, "el sujeto de la enunciación remite a una persona 'real', con existencia civil, cuyo 'nombre propio', cuando los textos son publicados, suelen figurar como 'autor' en la portada de los libros que los recoge" (Morales, 2001: 25). Por su parte, el diario íntimo posee cualidades y requerimientos que lo diferencian de los demás géneros referenciales, cuyas características han sido analizadas por varios teóricos a lo largo de las últimas décadas. Han concordado éstos en que el diario íntimo se suscribe al calendario, cual maldición de la que el diarista no puede escapar, señala Blanchot (1996); así también que "[e]l primer elemento propio del diario íntimo es la 'cotidianidad'" (Ribeyro, 2012: 27), puesto que debe ir marcando el día a día. Además, que dicho género discursivo exhibe una verdad o que se adscribe a un principio de veracidad, en el sentido en que es "necesario admitir a priori que los hechos consignados en el diario son verdaderos", como expone Ribeyro a continuación de la cita anterior. Por consiguiente, la inclusión de anotaciones, bajo cierta rigurosidad y periodicidad, obrarán en que se almacene una cantidad extraordinaria de experiencias, repetitivas y variopintas, sobre los distintos temas que acaecen en la realidad y en los pensamientos de los diaristas. Esta cualidad y condición de escritura provocará, gracias a la posibilidad de poder ingresar al pasado datado, que se pueda "comprender las operaciones del espíritu, captar las relaciones de lo físico y lo moral, y conocer mejor al hombre". En otras palabras, y continuando con la misma cita de Alain Girard, "[l]a observación interior se transforma insensiblemente en examen de consciencia" (Girard, 1996: 33). Este punto es de real importancia porque da cuenta del examen al que accede consciente o inconscientemente el escritor de diarios al producir su obra: se ve imbuido en una autocrítica y un conocerse a sí mismo. Además del autoconocimiento al que se puede suscribir un diarista, pensémoslo así, común; por la cantidad de experiencias de la cotidianidad reunidas en estas páginas, no puedo dejar de relacionarlo con el diario de Donoso, es decir, con el diario de un escritor. Puesto que, como señala Beatriz Didier, "[e]l diario es para el escritor lo que el cuaderno de croquis para el pintor. Para el novelista, en particular, todo puede ser utilizable algún día" (Didier, 1996: 43). En este sentido, el diario íntimo y, específicamente, el diario de escritor, se propone como un receptáculo de narraciones o pequeños borradores novelables, que a la vez reflejan, en la medida que es una escritura íntima, o proyectan su realidad. Si el texto busca una visión autocrítica, se entiende inmediatamente que la necesidad de escritura íntima, puesto que este género tiene como sujeto enunciador y sujeto destinatario a la misma persona (el autor), sea producto de una crisis existencial, sentimental, duelo; dato precisado en el estudio que realizó Philippe Lejuene entre 1986 y 1996, donde menciona que "un número bastante grande de personas lleva un diario durante las crisis, o ciertos periodos, de su vida adulta (diarios de crisis sentimentales, de cura analítica, de duelo; diarios de embarazo; diarios de vacaciones, claro está; diarios de militancia o de vida profesional, etc.)" (Lejeune, 1996: 62). En este punto, un alto.

Antes de continuar quiero entablar la reflexión sobre el diario íntimo de José Donoso, viéndolo de acuerdo a las características que lo organizan y lo distinguen como el género referencial al cual pertenece. Entonces, en el diario de escritor, puesto que esa es la precisión necesaria para aquel compendio de textos: ¿existe una cotidianidad planteada y regida al calendario?, ¿los temas tratados son variopintos y se basan en la fragmentariedad?, ¿los hechos revelados funcionan para una autocrítica y, a la vez, sirven como antesala o borradores para posibles novelas? Evidentemente, sí. Pero, ¿qué sucede con la característica del diario que se basa en el secreto, donde el enunciador y el destinatario recaen en la misma persona, vale decir, en el autor?, ¿qué sucede si el autor mismo publica sus diarios, pierde este el carácter de veracidad al ser construido conscientemente para ser exhibido? Y, por último, ¿si el diario propone un discurso histórico e íntimo veraz, qué sucede con el diario de José Donoso en el momento en que su publicación se ve editada tanto por Patricia Rubio o, en la mayor medida, por su hija Pilar Donoso?... ¿estamos frente a un diario íntimo verdadero? Sí, puedo responder, pensando que las categorías que articulan al diario no son determinantes y que existen circunstancias donde el escritor diarista puede mostrarles sus textos a personas de gran confianza, manteniendo así el secreto dentro de un grupo selecto y confiable de personas. Si ampliamos esta pregunta a un plano de sociedad, puedo responderla al recurrir a los planteamientos de Fredric Jameson, quien entiende a la posmodernidad como una sociedad del espectáculo, en donde la exhibición y la ruptura de la concepción de espacio privado han marcado el comportamiento. En este sentido, se hace factible y hasta lucrativo ofrecer una intimidad, sobre todo si trata de un personaje público, a su valor de cambio. Mal que mal, y volviendo a las imposibilidades que veía Lejeune para estudiar el diario íntimo, "[n]o se puede leer, en general, sino textos publicados" (1996: 57). De esta manera, cabría agradecer la posibilidad que nos otorgan tanto escritores como artistas de hacer visibles obras que sirvan para repensar la realidad.

Ya precisados los conceptos de discurso testimonial y de diario íntimo, y antes de ingresar al texto en sí, vinculándolo con la novela El jardín de al lado en la relación de espejo que estimo se produce entre ambos textos, considero pertinente hacer alusión a un tema patente tanto en el diario como en la novelística donosiana, me refiero al "doble". El doble como recurso literario y como mito se inicia en base al miedo irredento del ser humano a la muerte, es decir, el miedo hacia lo desconocido. Esta postura, que por lo demás la he desarrollado anteriormente referida a la literatura fantástica y que se aleja en cierta medida del diario íntimo, reconoce su base en la ruptura de la individualidad, debido a la imposibilidad de este hecho fantástico (al pensar que realmente suceda el desdoblamiento de un cuerpo). Por tanto, quiero acuñar un primer acercamiento, en vista de lo planteado, por David Roas, teórico español de literatura fantástica, quien entiende este fenómeno en la medida en que,

El doble se relaciona directamente con lo más íntimo de nosotros mismos, con nuestra identidad. La idea de un ser duplicado nos hace dudar ya no solo de la coherencia de lo real (el desdoblamiento es algo imposible), sino que rompe la concepción que tenemos de nosotros mismos como algo único, como individuos (etimológicamente, lo que no puede ser dividido). Al postular la ruptura del principio de identidad, desaparece la percepción unificada del yo. (Roas, 2011, 88-89)

Además agrega, añadiendo una postura psicoanalítica, que "Rank advierte que la sombra y el reflejo son representaciones de la inmortalidad del alma humana (como reacción narcisista contra el temor a la muerte)" (Roas, 2011: 89). Entonces, el miedo a la muerte y la ruptura del yo, como "ese factor complejo al que se refieren todos los contenidos de conciencia" (Jung, 1997a: 17), dan pie a que el inconsciente proyecte al exterior los comportamientos reprimidos que adoptan la figura del doble o de la sombra. En esta proyección, en esta imagen especular, en la sombra que "representa un problema ético, que desafía a la entera personalidad del yo, pues nadie puede realizar la sombra sin considerable dispendio de decisión moral" (Jung, 1997b: 22), se produce el conflicto que atañerá el problema clínico de la paranoia. Ésta, por su parte, es caracterizada según Freud como la que "engloba en ella no sólo el delirio de persecución, sino también la erotomania, el delirio celotípico y el delirio de grandezas" (Laplanche y Pontalis, 2004: 270). Ejemplos de la presencia del doble en la literatura son recurrentes, ya sea por la necesidad de cuestionamiento y explicaciones a condiciones que supeditan la realidad humana, ya sea por querer generar el miedo en el lector. La primera concepción la realiza Jean-Paul Ritcher en 1776, en pleno Romanticismo, al nombrar la problemática del doble bajo el Doppelgänger. Señala Juan Herrero Cecilia que éste,

Se trata de la imagen 'desdoblada' del yo en un individuo externo, en un yo-otro. El sujeto se ve a sí mismo (autoescopia) en alguien que se presenta al mismo tiempo como un doble autónomo, o un doble 'fantástico' que produce angustia y desasosiego porque esa figura viene a perturbar el orden normal y natural de las cosas. Este desdoblamiento extraño percibido por la conciencia pone en cuestión los fundamentos de la identidad del sujeto y de su diferencia frente al 'otro'. (Herrero, 2011: 22)

Luego continúa exponiendo una larga lista de exponentes que han desarrollado el tema del doble en la narrativa, preferentemente. Entre los nombres más conocidos tenemos: El Retrato de Dorian Gray de Wilde, El doble de Dostoievski, Los elíxires del diablo y El hombre de arena de E.T.A. Hoffmann y esto sólo es un muestreo pequeño de todas las elaboraciones al respecto. Recuerdo el cuento de Poe, "El retrato ovalado" cuya temática se asemeja a lo que proponía Oscar Wilde en su Retrato..., en dicho relato se narra a un sujeto que al ver un cuadro entiende los secretos de la creación artística y la fascinación que le producía, puesto que él "había descubierto que el encanto de la pintura residía en su expresión vital, en una rara espiritualidad oculta en la imagen" (Poe, 2003: 213). Luego rememora la historia contada en torno a la creación de la pintura, donde el artista se encerró junto con su esposa durante largas semanas en la torre de su castillo para poder encontrar el descanso y la concentración necesaria con la cual realizar una obra inigualable. No supo que con ello, que con cada pincelada que daba a la pintura, el influjo de vida se iba agotando en el cariz de su mujer. "No quería ver que los colores que ponía sobre las mejillas del retrato era extraídos de las mejillas de la que estaba sentada a su lado" (Poe, 2003: 214). Finalmente, cuando hubo concluido el retrato de su mujer y, totalmente extasiado, va a celebrar y a agradecerle el haber sido su musa, descubre que ella está muerta. "-¡Esta obra es magnífica, tiene todo el espíritu y la vida misma! Y se volvió para besar a su amada esposa, pero... ¡estaba muerta!" (Poe, 2003: 214). Esta historia, que la considero representativa de la temática propuesta en este ensayo, se relaciona con el Retrato... de Wilde en la medida que en ambos se produce, lo que en psicoanálisis llaman, una transferencia; al trasponer una identidad y figura en un objeto: en este caso la pintura. De esta manera el ser objeto del reflejo pierde todas las cualidades primigenias que son adoptadas por el doble que suplanta al original. En el caso de Poe, el cuadro cobra la vida que perdió su mujer; por su parte en Wilde, el retrato guarda la inocencia destruida y las marcas del paso del tiempo que su cuerpo efebofílico se niega a asumir. Entonces, si pensamos que el tema del doble es un suceso recurrente en la literatura, ¿cómo no estar presente en la consciencia de un sujeto que se nombra a sí mismo como escritor? Y ¿es posible establecer una relación espejeante entre el diario de vida y la novela El jardín de al lado en el sentido que tanto la una como la otra adoptan y cristalizan la vida del escritor? De aquí siguen surgiendo preguntas con respecto a las características esbozadas en torno a la figura del doble, por casos, ¿estas características son visibles en el diario íntimo de Donoso como mecanismos de defensa ante los inminentes miedos a lo desconocido y a la muerte?, ¿se puede pesquisar un comportamiento paranoico tanto en su diario como en El jardín de al lado? Y, ¿esta condición paranoica es sintomática del miedo a revelar su secreto más oculto: su homosexualidad? Entonces, hay que revisar el diario.

Si me ciño al periodo de tiempo antes señalado y doy las directrices necesarias para poder relacionarlo con las novela, como escritura en espejo, debo necesariamente categorizar las distintas temáticas que registra Donoso en su diario, para luego hacer las respectivas vinculaciones. Las primeras cinco entradas en este periodo son cartas escritas a su esposa María Pilar donde le da ánimos por la muerte de su suegro, encareciendo que finalmente toda palabra es vana en el momento del luto y que solamente la presencia del otro sirve para alivianar el dolor. Le solicita en la segunda carta que traiga desde Chile "cuantas cosas BELLAS Y RARAS PUEDAS" (Donoso, 2010: 202) de esas que no se pueden encontrar por allá. Además, Donoso deja entrever el miedo a que su mujer, quien tiene problemas de alcoholismo, caiga en una depresión. La tercera, la cuarta y la quinta carta hablan de cosas cotidianas: la enfermedad de su hija y las maneras en que se ha arreglado para mantener en orden todo en el hogar durante su ausencia; la necesidad que tiene de su regreso, al mencionar esa conexión "pero tú-yo, yo-tú es lo importante" (Donoso, 2010: 204) en donde se deja entrever, pese a todas las diferencias o problemas que tengan ente ellos, la dependencia de José por su esposa. También le comenta en otra carta sobre el plan de finanzas y su buen momento económico que sin dudas les quitarán muchos problemas de encima. Entre estas cartas, Pilar Donoso incluye el extracto de su diario donde muestra cómo sobrelleva, ya en la intimidad del diario, el cuidado de la enfermedad de su hija y las laboras domésticas. Es importante el juego de inclusiones que realiza Pilar pues va relacionando las dos versiones, el plano privado y el plano público, al incluir anotaciones de las cartas y del diario íntimo. O bajo los términos revisados anteriormente, son las dos caras, el original y el doble, de la realidad.

Luego de esta intromisión diarística, pues eso es lo que parece, se ingresan dos cartas más que atañen el tema de la vida cotidiana de su hija: la compra del vestido para la recepción y la primera confesión de enamoramiento de Pilarcita, como José la llama. A su vez, le da ánimos a su mujer por el difícil y nuevo problema al que se debe enfrentar, ofreciéndole también toda su confianza en su actuar al escribirle que "[e]spero que dejes todo eso bien atado, y todo controlado, directamente por tus manos" (Donoso, 2010: 206). Entre tanto ajetreo con el cuidado de su hija, con las labores domésticas y con la distancia física con su mujer, el escritor admite que realmente quisiera volver a Chile, quizá por la nostalgia producida por las cartas de María Pilar, que funcionan como aprobación, cual fascinación de una idea irredenta, que al instante censura y reprime al señalar que en realidad su vida está en España. Se instala de esta forma el germen del regreso, que lo seguirá durante los siguientes años hasta que pise el suelo nacional y se enfrente a sus peores miedos: el no ser reconocido.

Las cartas siguientes datan del 2 de diciembre de 1978 en adelante, luego de la fiesta de lanzamiento de su novela Casa de campo. En ellas relata la pomposidad de la velada, la muchedumbre que asistió, la importancia y los membretes de los asistentes, y, finalmente, que todos se hayan reunido para celebrar el triunfo de su publicación. Hecho que lo llena de orgullo y sublima sus ansias de fama producto de su narcisismo empedernido. Tras la velada y la fiesta vinieron las entrevistas en radio y televisión, que dan a entender el éxito de ventas que pueda tener. Le comenta además que Carmen Balcells le trajo como regalo "la siguiente noticia: que Calmann-Lévy y Editions Du Seuil, en tiempo récord, han puesto cable que quieren mi libro" (Donoso, 2010: 207-208), con lo que ganará una fortuna. Luego, en la siguiente carta le menciona que "Marsé acaba de publicar un libro (Premio Planeta) que se llama La chica de las bragas de oro. Te imaginas el éxito popular que está teniendo, y yo verde de envidia..." (Donoso, 2010: 208-209). Los logros profesionales y la imagen que logra proyectar a través de sus obras son las que supeditan estos días de escritura.

Luego de una conversación con Leandro Silva sobre sus preferencias en la jardinería, comienza a gestarse una recurrencia en torno al tema de la nostalgia del pasado y de la infancia. En este primer caso, analiza cuál es el tipo de jardín que le fascina, que sin duda es la pieza seminal de la novela que después titulará El jardín de al lado, para luego pasar a la remembranza del jardín de su casa de infancia, el microclima chileno y el recuerdo de su padre en la casa familiar: "Sí, me lo imagino sentado en su sillón de mimbre bajo la sombra del palto, con un chal a cuadros sobre las rodillas, el bastón caído en el pasto, la cabeza ya perdida despertando, quizás, al fijarse en algún zorzal que salta entre la vincapervincas que yo planté y que ahora son un colchón inmenso bajo la araucaria" (Donoso, 2010: 2012). Desde el recuerdo de su padre pasa al de su casa en la calle Holanda, a su cuarto pequeño que daba al jardín interior y a los desayunos que le daba su criada Ema Cortés. Habla con tanta gracilidad de esa época que se permite la precisión al lector, o supuesto lector, de que "[e]l que lea esto pensará que estoy hablando de una especie de jauja. Pero no es así. El escenario burgués que describo estaba lleno dolores y tensiones, dependiente y definido por el afuera y sus relaciones con él (...) y, finalmente, como siempre sucede, por lo demás sucede, sólo en apariencia un microclima" (Donoso, 2010: 213) de bienestar. En este pasaje se puede percibir que la duplicación de caracteres, el doble por esencia, viene heredado desde su familia burguesa que le exigía llevar una vida pública abocada a la idea de felicidad y armonía, que distaba en sobremanera de lo que ocurría en el interior familiar. La misma sensación de extrañeza la siente en el recuerdo que tiene al momento de volver a Chile para la muerte de su madre, donde ve todo "pequeñísimo, la casa, los sitios, las mentes, todo irreconocible, todo definido por parámetros" (Donoso, 2010: 213), que insertan la aversión frente a este Chile mediocre, pero a la vez que estas imágenes le salen al encuentro acosándolo y apoderándose de él. La dualidad de mirada, desde el afuera y el adentro, la preeminencia del qué dirán y de la imagen que debe proyectar y mantener en sociedad configuran su personalidad.

En las inscripciones siguientes se sigue manteniendo el tono anterior, la remembranza a situaciones de la infancia donde están presentes el padre y Miss Blake, una profesora particular de quien se enamoró; de la misma manera plantea un razonamiento sobre las experiencias de Marcel Proust tanto en el chisme como en su orientación sexual. No obstante, me quiero detener en una fiesta a la que asiste con el cineasta Luis Morales y sus amigos, ocasión en que se dio cuenta de algo que marcará al escritor: el paso del tiempo y la consciencia de la vejez y, por extensión, la cercanía a la muerte. Donoso señala que "estoy viejo. Un abismo gigantesco me separa de todos ellos", y se cuestiona sobre la validez y pertinencia que tiene en la vida real su labor de escritor, "¿Hasta qué punto es válido lo que literariamente hago?, ¿Hasta qué punto no estoy trabajando y escribiendo para una generación que absolutamente no me leerá? No leen, no leen nada, ni les interesa. ¿Qué hago yo? Días muy críticos, muy duros, muy llenos de dudas" (Donoso, 2010: 224-225). De esta forma continua el cuestionamiento sobre su labor de escritor, pero más bien, lo que se percibe en estas líneas, más que la duda sobre su calidad narrativa, es si ¿será o no reconocido por sus pares o solamente tendrá, como muchos escritores no reconocidos en vida, una gloria póstuma?

De las dudas sobre la exhibición, la aceptación y el reconocimiento de su obra, tal como Julio Méndez se desvivía por concretar la novela de la dictadura chilena y tener el reconocimiento de sus coetáneos escritores, de la gente de Chile y de Núria Monclús, alterego de la editora Carmen Balcells; doy otro salto en el diario que trata sobre la gente que va conociendo en España, la muerte de su padre y su nuevo puesto de periodista corresponsal que si bien significan un movimiento, tanto físico como sentimental del escritor, no implican una verdadera afección en él. No así ocurre con el objeto depositario de sus recuerdos de infancia: su casa en la avenida Holanda. Donoso señala que, "[l]a muerte de mi padre no me significa mucho, porque había muerto hacía tanto tiempo. Pero la demolición de la casa de la Av. Holanda brought everything home: papá y mamá muertos y ya no soy hijo de nadie. Ahora me va a tocar a mí. Ya no tengo un sitio "mío" donde llegar a Chile" (Donoso, 2010:228). Con esta destrucción, además de suprimir el lugar de recuerdos de infancia, eliden la posibilidad de albergarlo al momento de llegar a Chile; de esta manera supone que tras la muerte de sus padres viene necesariamente la suya. Otra vez acecha el miedo a desaparecer de este mundo y ahora sin la posibilidad de un regreso al sitio inicial. Si bien antes ya había formulado sus deseos de volver a Chile, que fueron suprimidos al instante por su miedo al fracaso por un lado y por la estabilidad que estaba teniendo en España, por otro; que también esquematizó distintos recuerdos de infancia que produjeron una añoranza por la casa paterna, que luego fue destruida; estas condiciones provocarían un cuestionamiento en el escritor donde tendría que sopesar los pro y los contras sobre la idea del regreso a Chile:

¿Qué haría en Chile? Por un lado me emociona, por el otro, el lado negativo, me aterra y me ahoga. Regresar me produce la mayor claustrofobia posible: A) por la limitación de los chilenos a lo chileno, su aislamiento, el énfasis en lo nacional, que deteriora y quita imaginación y vuelo y libertad; B) fantasmas del pasado que me acosarían y quizás ahogarían, gente y recuerdos y hechos y reputaciones; C) imposibilidad de elegir una máscara de anonimato, como en el extranjero, cualquier máscara que me guste y que hago cursar como válida y que me resulta... Allá, no, no, las señas de identidad de toda clase me atarían a una sola posibilidad de ser, y no hay lifestyle, más que uno, que elegir; D) María Pilar tiene pocas raíces chilenas, ha vivido más en España y el extranjero que en Chile, pero ha vuelto de otro modo... y ve lo que nuestra hija necesita: un entorno. (Donoso, 2010: 230-231)

No son estas limitaciones formas de elidir el miedo a la posibilidad al fracaso presentes en el regreso a Chile. En el extranjero, en los lugares donde no se tiene el mismo lenguaje ni los mismos guiños culturales, es más fácil elegir una máscara, como él la llama, con la cual proyectarse en la sociedad. No ocurriría así en Chile porque lo descubrirían, se darían cuenta del engaño y exhibirían su mentira. Pero por otro lado, se encuentra la necesidad de darle a Pilarcita el entorno familiar y estable en las raíces de su familia. Pero, ¿es posible que Pilar Donoso pueda generar raíces en un país que desconoce, en el cual no ha nacido ni con los que ha compartido vínculo alguno?, ¿Sucede acaso lo mismo entre Pilar y José, en su afán de otorgarle una identidad chilena repasada por la tradición; que entre Julio y Patricio, de El jardín de al lado, donde el hijo reniega la quejumbrosa letanía del golpe militar de su padre y se articula como hijo plurinacional o más bien, sin nacionalidad?, ¿Existe la misma relación entre Pilar y Patricio, como la que hay entre Julio y José, y entre Gloria y María Pilar?, ¿Cuánta ficción hay en la vida de Donoso y su familia o cuánta realidad se cuela en la novela El jardín de al lado? Finalmente, pienso que los miedos que impiden a Donoso regresar a Chile, con ello el fracaso y el temor a la muerte, son los mismos que se proyectan y se exacerban de manera antagónica en la imagen de Bijou, el joven de ambigüedad sexual que atrae a la vez que repele a Julio Méndez.

Tras las reflexiones sobre las ventajas y desventajas de regresar a Chile se cambia de tema, nos cuenta Donoso sobre las ideas que darán pie a su novela La misteriosa desaparición de la Marquesita de Loria, personaje que se repetirá en la mujer de la campana de oro que aparece en El jardín de al lado; sin embargo, no porque haya ingresado una nueva motivación de escritura sus reflexiones sobre la vida, en un sentido autocrítico, desaparecerían. Se hace patente en estos días su cualidad de desheredado, de no pertenecer a ningún lugar, "pensé en la lejanía de las raíces de todos los que tomábamos té de menta alrededor de la mesa. ¿Dónde colocarnos, después de tantos años en el extranjero, cuál era nuestro ámbito, a qué pintura, a qué literatura adscribirnos?" (Donoso, 2010: 234). Aunque el regreso sostenga más impedimentos y miedos para Donoso es perentoria la necesidad de pertenencia a algún lugar. La idea de regresar a Chile, a la tierra que lo vio nacer, implica una castración a sí mismo y una sublimación del ambiente familiar que le quiere ofrecer a su hija. En esta ambivalencia de pensamientos le escribe a Pilar que, ahora que su mamá está dispuesta, están sorteando las posibilidades de un regreso definitivo a Chile. Ella no debe preocuparse porque con la educación que le han dado y su dominio en el inglés, que a él le ha servido muchísimo, no tendría problemas para adaptarse. Pienso en estas características que para Donoso eran gravitantes en la conformación de una persona para un mejor desenvolvimiento en la sociedad chilena, es decir, la educación y el dominio de idiomas, y no puedo dejar de relacionarlo con Patricio, el hijo de Julio Méndez, quien afrancesa su nombre a Patrick porque su dominio del idioma extranjero más que acercarlo a Chile y a sus costumbres, lo han alejado hacia un cosmopolitismo e hibridez lingüística. ¿No sería por analogía lo que ocurre en el caso de Pilar?, ¿Podría ser esta novela una extensión, cual escritura espejeante, de lo que le está pasando en la cotidianidad a Donoso y a su familia; o del modo inverso, la articulación y escritura de la novela no está supeditando un cierto comportamientos ficcional en la vida de ellos?

Creo necesario articular tanto el diario, como la novela tratada, a los conceptos de doble y de paranoia que he ido revisando a lo largo del ensayo. ¿Puedo entender la escritura de estos textos como una discursividad que funciona a través de los espejos, de reflejos, de paridades?, ¿existe el doble palpable que sea corolario de la realización de la novela más que mis sospechas y especulaciones?, y ¿esta constatación repercute en la clinicalización de su narcicismo en su condición paranoica?
Las primeras dos preguntas las relacionaré con la siguiente cita del diario que sin lugar a dudas producen una relación, cual caída en abismo, entre la novela y el diario: quién lee a quién, se puede percibir desde acá:

Desde la ventana de mi estudio veo, en la tarde tórrida, a la princesa alemana (...), con encrespadores y gritándoles a sus hijitos que juegan con conejos de felpa. Está leyendo un libro. Desde esta distancia y con el temblor de las hojas de los árboles inmensos, parece ser un libro de mi editorial. ¿Quizás un libro mío? Ella consume, yo produzco. Tengo que terminar este libro mío sobre ella antes que ella termine de leer mi libro. Gestos íntimos porque no sabe que alguien durante todo el día la mira y la ve y queda la crónica. La criada le lleva el té sobre una bandeja que deja sobre el pasto. Le pregunto más sobre ella al portero y fantaseo... (Donoso, 2010: 245)

Su afán de ser reconocido por la princesa vecina realza sin dudas su narcisismo, puesto que, en primer lugar, es una persona a quien admira quien cree que lo está leyendo, y, en segundo lugar, esta tiene una alta jerarquía otorgada por los grados de nobleza que le pertenecen. Si sumamos a eso la inclusión del doble del escritor y la relación existente entre la lectura de la princesa con la escritura de la novela, podemos vislumbrar que o bien se ficcionaliza completamente la realidad o bien es la ficción de estas palabras las que buscan su asidero en la realidad. Una doble implicancia se traduce en la escritura en paralelo de ambos textos que comparten experiencias en común. Si además pienso que el afán de ser leído por la princesa funciona bajo un sesgo persecutorio y engrandecedor (características que sugiere Freud para entender la paranoia) se patenta de esta manera la condición paranoica del escritor, tanto de la novela como del diario (y por qué no, el escritor que escribe la novela dentro del mismo diario, en un estado metadiegético). Esta característica paranoica se ve acrecentada al momento de concebir su regreso a Chile como una realidad. Ve con terror las posibilidades de ser descubierto, desterrado y torturado. Pero imagina, con mayor pesar, que su obra es la que realmente puede ser coartada por la policía militar de la dictadura:

Estoy francamente aterrorizado. ¿Por qué atreverse a tener miedo a confesarlo? Sueño que no se atreverán a tocarnos. ¿O me estoy haciendo ilusiones pretenciosas de que siguiera vale la pena tocarme? Tal vez el silencio en torno a mi vaya a ser completo o eso sea difícil de tolerar. ¿O no? No sé. La policía secreta crecerá. Habrá toques de queda, razzias, vigilancia, listas negras. Los pobres serán miserables y la nueva clase de ricos propiciada por el régimen tendrán la sartén por el mango. No creo que yo corra peligro personal. Pero, ¿Y lo que escribo? ¿No sería justamente el momento indicado para quedarme afuera y usando mi prestigio despotricar contra el régimen? Puede ser. Pero ya es demasiado tarde... (Donoso, 2010: 245-246)

Cabe precisar que el escritor, en su uso diarístico, es consciente de sus delirios persecutorios, pues menciona que tal vez se esté haciendo pretensiones de que él es un personaje importante y peligroso que produzca una amenaza para el régimen. Es notable el miedo patente existente en este párrafo que demuestra la construcción narcisista, y por ende paranoica, que tiene de sí mismo con respecto a la realidad.

A modo de colofón, considero que tanto en el discurso ensayístico como en el género narrativo, en El jardín de al lado, se produce una relación de doble implicancia o escritura en espejo, donde se puede precisar una ambigüedad donde la ficcionalización del género diario íntimo se acrecienta, a pesar de la veracidad que la caracteriza y su carácter histórico implícito, como también la analogía, que podría llamarse transferencia, de agentes históricos que son novelados en la obra tratada. Esta doble implicancia se sustenta bajo la teoría del doble antes citada, agudizándose bajo la paranoia y el narcisismo.

Considero, por último, importantísima una lectura acuciosa de este fenómeno en la escritura del diario íntimo y de la narrativa de un escritor como el de José Donoso.

 


 

Bibliografía
Blanchot, M. (1996). El diario íntimo y el relato. En Revista de Occidente. Madrid, Nº 182-183, junio-agosto. Pp. 47-54.
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