Metaficción, memoria y violencia en las obras de tres autores latinoamericanos.

Metaficción, memoria y violencia en las obras de tres autores latinoamericanos.

Este artículo se centra en la lectura analítica de tres novelas [1] latinoamericanas contemporáneas; Historia argentina (1993) de Rodrigo Fresán, Estrella distante (1996) de Roberto Bolaño y Formas de Volver a casa (2011) de Alejandro Zambra. Las novelas analizadas no pertenecen a un contexto generacional coincidente;

  sin embargo, estas obras escogen hablar de un periodo de la historia claro y preciso: las dictaduras militares que marcaron el último tercio del siglo pasado, tanto en Chile como en Argentina, discurso que las emparenta. Pero además de estar unidas por este aspecto, también están relacionadas por una forma de referir los hechos que podría definirse como metaficcional. Es decir, nombran el mal situando sus relatos en la época de dictadura, pero además refieren los procesos de escritura de esos mismos hechos narrados. Los autores sitúan sus relatos en la época dictatorial que les tocó vivir, eligiendo distintas formas de referirlo. En Roberto Bolaño encontramos una novela corta que se introduce en el epicentro del mal, de la violencia y del origen del fascismo; en Rodrigo Fresán, en cambio, encontramos una obra fragmentaria, llena de relatos paralelos  que reviven ciertos momentos oscuros de la historia argentina además de jugar con un sinfín de referencias de la más diversa índole. Como ejemplo, el escritor argentino habla de la guerra de las Malvinas en la voz de un fanático de los Rolling Stones o del origen de la memoria en la voz de un científico inglés-hindú que trabaja en la Patagonia argentina. La novela de Alejandro Zambra es la más reciente, la única que se publica en este siglo, la cual relata un incidente ocurrido la noche del terremoto del ’85 y que lo lleva a relacionarse con su vecina y la familia de esta.

La principal hipótesis de investigación será determinar una relación discursiva entre estas tres novelas respecto del tema de la violencia y la memoria en la historia latinoamericana reciente, estableciéndose en estas novelas una identidad narrativa que señala este discurso referido a la violencia y a la memoria como una relación autorreferencial y metaficcional que participa de los procesos de creación del propio texto.  La acción de rememorar que se pone en ejercicio en los textos escogidos no es sólo la narración del hecho relatado, comunicado, sino también la narración de la creación de esa articulación específica. Es la historia del proceso de la narración y del por qué ella debe ser rememorada. Por lo tanto, el proceso de narración es también un proceso metaficcional que, como todo proceso meta, es una reflexión del alcance que la propia práctica de la escritura puede alcanzar. El autor-narrador y el autor-personaje topan en un mismo espacio en el nivel diegético, reconocible por las coordenadas reales que lo definen, y en un tiempo que busca ser rememorado y vuelto a narrar para definir otra tradición y otro tiempo. Como dice Paul Ricoeur, el sí del conocimiento de sí no es egoísmo y neurosis, o, al menos, no puro egoísmo y neurosis, sino que también una vida examinada, purificada y clarificada que busca entenderse y reflexionarse. El punto en cuestión, con esta idea de Ricoeur, es que las vidas que examinan los textos estudiados, son siempre vidas de escritores o vidas de lectores, seres que participaron del instante de mayor peligro para reproducirlo, pero no en una diégesis escindida entre narrador y autor, o entre obra y autor; muy por el contrario, se hacen parte de la diégesis, entrando de lleno en el orden del discurso: “reflejo es todo enunciado que remite al enunciado, a la enunciación o al código del relato” (Dällenbach, 1977: 59), introduciendo una metadiégesis que es consciente de sí misma y de sí mismo en el caso del narrador- autor implícito. Lo que Vincent Colonna llama fabulación de sí mismo (2004). Por lo tanto, la acción de narrar la memoria y entrecruzar el tiempo histórico y narrativo no consiste sólo en una nueva representación mimética de los “hechos”, sino que puede significar también la reflexión del propio hecho de narrar, involucrando sin excusas al arte de la novela con todos sus vectores en la reproducción de esa experiencia compartida, esa experiencia nueva.   Podemos, por lo tanto, recusar, junto con estos autores, lo que siempre se le impugna a la metaficción, identificándola como una expresión de vanguardia gracias a la cual “el postmodernismo ofrece una cita de formas pasadas exenta de valoración, decorativa, deshistorizada, y que ése es un modo de obrar sumamente idóneo para una cultura como la nuestra, que está sobresaturada de imágenes”  (Hutcheon, 1993: 188). Es patente que sucede todo lo contrario en las obras estudiadas, puesto que el examen de una vida involucra con toda fuerza también el ejercicio de examinar el oficio de la escritura. Se observa, por ejemplo, en Estrella distante el momento clave en que Amalia Maluenda atestigua por el caso de las hermanas Garmendia:

La noche del crimen, en su memoria, se ha fundido una larga historia de homicidios e injusticias. Su historia está hilada a través de un verso heroico (épos), cíclico, que quienes asombrados la escuchan entienden que en parte es su historia, la historia de la ciudadana Amalia Maluenda, antigua empleada de las Garmendia, y en parte la historia de Chile. Una historia de terror (Bolaño, 1996: 119).

 Escenas como la anterior imponen un fuerte componente ético al hecho estético. El mal debe ser nombrado y narrado para ser parte de una memoria del horror que es posible rehuir y para situar a los pequeños actores de la “historia” en un papel que les fue arrancado mediante la violencia sistemática y horrorosa de los “poderes de la muerte”. La historia de Amalia Maluenda es resignificada en tanto testimonio, pero también como reflexión narrativa de la obra para sí. Es un gesto similar el que hacen Fresán y Zambra al reflexionar sobre la literatura, y el fin que persiguen con su escritura. Los textos se vuelven sobre sí mismos al final y desnudan sus motivos; no hay gloria, ni heroicidad ni fines elevados, todo fin es contar una historia: “Pienso ingenuamente, intensamente en el dolor. En la gente que murió hoy. En el sur. En los muertos de ayer, de mañana y en este oficio extraño, humilde y altivo, necesario e insuficiente: pasarse la vida mirando, escribiendo” (Zambra, 2011: 164). Un trabajo necesario en su insuficiencia. Un simple gesto: “Y eso es todo. Ésa es toda la historia. Y el misterio definitivo de la historia es que el misterio no existe [...] Buscamos una respuesta convincente al motivo por el cual el hombre crea o destruye para poder crear” (Fresán, 2009: 256). Contar una historia es un gesto, por inútil que parezca, por simple que sea, totalmente necesario. Rememorar, narrar y hacer de esto el reflejo metaléptico de un proceso de consciencia narrativo no es más que la expresión artística de un movimiento profundamente ético ante la propia escritura, en primer lugar, y, en segundo lugar, ante la responsabilidad profunda que tiene el arte frente a la historia y los procesos sociales que la determinan. Estos textos bien podrían obedecer a la premisa esgrimida por Milan Kundera cuando dice que “la novela que no descubre una parte hasta entonces desconocida de la existencia es inmoral. El conocimiento es la única moral de la novela” (Kundera, 1987: 16).

Estética y ética se unen en estos relatos, la forma de la narración se plantea tan crítica como la materia narrada, ensayando su propio conocimiento desde la estructuración de los textos hasta las escenas en ellos contenidas. “La novela impone su moral” en un afán estético, pero a la vez comprometido con su tiempo, relatando, ficcionalizando y cuestionando lo que se establece como discurso mayor frente a una  literatura diezmada por el poder. La existencia de la novela se hace moral cuando emprende una nueva búsqueda formal para decir lo que necesita ser dicho.

Las historias enlazadas en estos textos no son sino el empoderamiento de la luz de esos recuerdos en el instante de mayor peligro, durante dictaduras crueles y violentas rememoradas y narradas para reconstituir la identidad narrativa de una memoria ficticia y necesaria ante los poderes de la muerte, en busca de un sentido nuevo; una nueva memoria enunciada como literatura, leída como una historia inscrita en el tiempo de los hombres.

 

NOTA:

[1] Es necesario consignar el hecho de que al menos dos de los textos analizados pervierten claramente el formato o modalización de una novela convencional. En el caso de Rodrigo Fresán, el texto es tanto una recopilación de relatos como una novela fragmentaria; y en el caso de Alejandro Zambra, la narración deriva en un relato autoficcional que confunde la categoría referencial y la ficción.


TITULO ORIGINAL: Metaficción, memoria y violencia en las obras de tres autores latinoamericanos: Historia argentina de Rodrigo Fresán, Estrella distante de Roberto Bolaño y Formas de volver a casa de Alejandro Zambra

AUTOR : Alonso Tapia, Universidad de Concepción