La cofradía invisible

La cofradía invisible

 

 Todo sucedió aquí, en estas mismas calles y en los espacios más inimaginables del Temuco actual: en antiguas casas, cuyas renuentes fachadas nos arrebatan la imaginación, flashback de un tiempo que parece no haber existido.

Sedes sociales, clubes deportivos, discoteques, peñas, universidades, en capillas y cantinas, sótanos y piezas arrendadas.

Dicen que la poesía estaba en todas partes como el pan y como el vino, como el pucho suelto, como la señora, como el miedo, como la rabia, como el dolor, como el fusil; y que Dios no se acordaba de nadie, porque había muerto.

El Temuco de los 80, una década que vale la pena armar, como un rompecabezas de piezas extraviadas, en tanto asistimos a una serie de fenómenos y administraciones, que seguro seguirán propiciando el olvido en las ciudades de este país, que galopa airoso sobre las ancas del libremercado y la cultura de masas.

La enorme dispersión temática que ha adquirido la cultura como campo del desarrollo de los diferentes territorios, en este contexto socioeconómico y cultural, sin duda ha ido borrando aquellas huellas que dejaron hombres y mujeres forjadores de un legado emocional, histórico y material, quienes a través del arte y particularmente desde el oficio escritural, tienen mucho que decir en los procesos de construcción de identidades, una ronca voz que emerge como simiente original en el tiempo de lo etéreo y la hipertextualidad.

Es hoy cuando la transmisión de la experiencia vivida cobra un sentido especial, en una ciudad que no valora su historia ni a su gente, que derrumba su patrimonio tangible y se queda poco a poco sin referentes simbólicos que le permitan "avanzar" de modo sustentable. Y al hablar de ciudad hablo de sus gobernantes y sus gobernados, del mundo social en su conjunto. Ser mapuche, es quizás la única referencia compacta en esta parte del sur.

Pretender volver después de 30 años y decir presente (otra vez), no es más que la señal inequívoca de que la historia la construye el hombre, pero claro está, no cualquier hombre, sino aquel que se hace cargo y, aun con todas las penas y alegrías gastadas, aun con el temor de volver a equivocarse o con la genuina aspiración de un mundo mejor, no se desalienta en concretar su proeza. Son estos actos de valor y compromiso los que van configurando las realidades, hilando una trama de acciones colectivas que solidifican en imágenes y representaciones de la vida misma. Donde lo complejo se hace asequible y familiar, donde florecen los gestos de ternura y los afectos que nos proporcionan sentido y por qué no, arraigo.

Es por eso que acogemos este devenir, recibimos alegres estas voces, que fueron silenciadas, obligadas a la clandestinidad, al derrotero amargo de la disidencia política, condenadas a dolores tan hondos como la muerte y el olvido. A quienes les tocó vivir en el periodo más oscuro de la historia chilena de la mano de la poesía como un arma de militancia.

Una poesía de forma y fondo al mismo tiempo – ya lejana de concepciones esteticistas y fundacionales como su predecesora, depositaria y diatriba del pensamiento moderno –, una moneda en el bolsillo, al alcance de todos, la democratización de los discursos, que permitió que toda una generación pudiera expresar, en el lenguaje del verso, sus ideas, experiencias vividas y soñadas.

En ese contexto, la crítica literaria casi no existió, y las denominaciones dadas a esta generación de escribas, ha venido desarrollándose desde hace muy poco y a generarse instancias de acercamiento entre los propios autores gracias a las posibilidades de las nuevas tecnologías y formas de edición mucho más asequibles.

Hay una melancolía grande en estos escritores y poetas, un espacio oscuro en la memoria que ha venido llenándose con publicaciones y antologías que nos entregan algunas señales de este tiempo, sobre todo a las nuevas generaciones de poetas y escritores que entonces éramos niños.

Generación NN, generación invisible, generación de la dictadura, del 87, en fin, sabemos que esta construcción identitaria se encuentra en pleno, y que todo acercamiento a la producción literaria de esta época nos remite a la acción política más que a cualquier otro tipo de análisis. Sin embargo en esos versos hay historia, sucesos que marcaron amplios sectores de la población, anécdotas, personajes, tramas sociales, mitos y aprendizajes que están allí como un fuego encendido en torno al cual es posible conocernos un poco más. Esta generación de la cual hoy resuenan algunos nombres más que otros, pero que conforman una diáspora literaria presente en todo el país y fuera de éste.

Así, la memoria vuelve a tomar un rol protagónico, la comprensión sobre un modo de escribir en un tiempo - más allá de su valoración de estatus literario - , que identifica a un grupo de poetas desmarcados del individualismo - sin referirnos a lo que el retorno a la democracia y la instalación definitiva del modelo neoliberal haya suscitado para algunos - que trabajaron colectivamente en condiciones de censura explícita y donde escribir, muchas veces sin pretensiones literarias y sobre cualquier temática, constituía un frente de lucha y resistencia política.

No cabe duda que discutir sobre estos asuntos es una tarea pendiente para generaciones de poetas y narradores actuales, dimensionar hasta qué punto la creación literaria de los 80 puede estar presente (o ausente) en la producción de textos actualmente. Una larga lista de publicaciones que se escribieron con sangre, deben tener un lugar en la historia de la literatura de cada lugar donde se generaron y luego sobrevivieron.

 

La Cofradía Invisible, un poco menos invisible.

En el caso de Temuco, existen vastas y multiformes descripciones de aquel tiempo, que estoy segura, muchos debieran y quisieran conocer, para el crítico y estudioso de este periodo, Pascal Tureuna

"No había diferencia de clases sociales, todos eran un solo montón de rostros unidos por un rito milenario danzando alrededor del fuego que los protegía de las bestias, en este caso de sus propias bestias, sus pesadillas, e incluso de sus mejores sueños. Profesionales, adictos, traficantes, torturadores, la flor y nata de la pequeña aristocracia alemana, hijos de alcaldes, de artistas, de abogados, de latifundistas y ganaderos, de dignas madamas, estudiantes, artesanos, locutores de radio, soplones, uno que otro extranjero, escritores, pintores, esquizofrénicos, músicos, poetas, taumaturgos y nigromantes, todos en un solo hato hermanados por amor a la noche y sus misterios por develar"

La Cofradía Invisible, como la llamó uno de sus integrantes, Luis Riffo, o la Cofradía NN-Sur, es una autodenominación, una voluntad de historicidad y, al mismo tiempo, conciencia de pertenencia. Luego la define, reposicionándola en un contexto más actual, como "una suerte de cofradía dispersa de escritores condenados a vagar con sus manuscritos bajo el brazo y un rótulo que los señala como eternos autores emergentes".

A pesar de esta mirada, de una perspectiva muy acotada, y obviamente desde adentro, propuesta por Riffo, quisiera ofrecer una relectura de los acontecimientos, que incluyen la eventualidad de los cuatro encuentros realizados por estos autores, después de 30 años, en Temuco y Traiguén, y de esta misma publicación (PUNMAN - Anochecer), financiada por un fondo municipal, cuyo esfuerzo de realización recae principalmente en ellos mismos.

Constituyen estas acciones una evidente intención de rescatar y traer a la luz un trozo de historia, sin duda un aporte que agradecemos. Lejos de ser una casualidad, el advenimiento de esta generación, responde al orden inequívoco que solo el tiempo puede otorgar a quienes desarrollan con lucidez su oficio literario, que entienden la poesía como una condición de vida y se comprometen desde sus huesos con la idea heroica de la trascendencia.

Que beba Temuco de este gesto y que caminar por sus calles no sea una odisea del extrañamiento, que volvamos a ver en sus fachadas el ir y venir de jóvenes valientes que saben lo que dicen y conocen el espíritu que habita en las palabras.


 

TITULO ORIGINAL: LA COFRADÍA INVISIBLE: LA TRANSMISIÓN DE LA EXPERIENCIA VIVIDA COMO FUENTE DE IDENTIDAD Y ANCLAJE SOCIOCULTURAL. UN APORTE AL IMAGINARIO URBANO DEL TEMUCO ACTUAL, POR KATHERINE CHAVEZ.

 

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